Lengcom 4.2 (2015). ISSN 2386-7477

Recibido: 8-01-2015 / Aceptado: 17-01-2015

Evaluado por pares (peer review)


Innovación léxica y medios de comunicación escrita:

lo que el diccionario no dice

Lexical innovation and written press:

what the dictionary does not say

 Faustino Juan Yáñez López

Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

 

Resumen: La renovación del léxico de la lengua tiene en la actualidad un dinamismo superior al de otras épocas. El progreso continuo en el campo de la ciencia y de la técnica es uno de  los  determinantes  de ese  cambio  constante  y  veloz.  El  otro determinante  es  la influencia que tienen, en la actualidad, los medios de comunicación. La prensa es un observatorio extraordinario para ver día a día cómo  surgen palabras que independientemente de su uso por los hablantes pueden no estar recogidas en los diccionarios actuales.  


Abstract: Lexical  changes  of  the  language  have  more  dynamism  now  than  other  times. Continued progress in the field of science and technology is one of the causes of this constant and fast change. Other factor is the media influence today. Press is an exceptional observatory to see every day how new words emerge, independently of whether they are being used or not by speakers, they don’t appear in updated dictionaries.

 

Palabras clave: innovación léxica, prensa escrita, sociedad, diccionario.  

Keywords: lexical innovation, press, society, dictionary. 

 

1.      INTRODUCCIÓN


Trece años después de publicar su última versión, la Real Academia Española (RAE) publicó, en octubre de 2014, la 23ª edición del Diccionario de la lengua española (DRAE). Esta vigésimo tercera edición, colofón de  las conmemoraciones del tricentenario de la Academia, es fruto de la colaboración de las veintidós corporaciones integradas en la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE).


El nuevo Diccionario ofrece 93.000 entradas, 140.000 enmiendas introducidas que afectan a 49.000 artículos y alrededor de 5.000 nuevos términos. Según los académicos, sus principales novedades buscan el logro de tres objetivos principales: enriquecer el Diccionario, modernizarlo y hacerlo más coherente.


Con la publicación del nuevo Diccionario y la inclusión de nuevas voces se reaviva la vieja polémica entre puristas y aperturistas.


El problema de la aceptación e inclusión de neologismos en el español, principalmente de los extranjerismos, viene de lejos y ha llegado hasta nuestros días alimentado por la avalancha de nuevas palabras, términos y expresiones, ya sean en español o en lenguas extranjeras, necesarios para nombrar nuevas realidades procedentes, sobre todo, de los avances científicos y tecnológicos de nuestra era.


Comentaba Lázaro Carreter (2002) que en el español, como en otras lenguas, sólo empezó a sentirse la presencia de voces extrañas cuando el idioma estaba afianzado, sentido como propio por los hablantes, y entró en contacto con otras lenguas.


Durante la Edad Media, el latín, convertido en romance, convive con miles de extranjerismos, muchos de ellos germánicos y franceses, pero la mayoría árabes. El romance de la época era una lengua con grandes variaciones regionales e incluso personales, y los extranjerismos fueron adoptados por la necesidad de designar las nuevas cosas y realidades.


Según el académico, la primera crítica al uso de extranjerismos fueron las palabras de Juan de Valdés, que en su Diálogo de la lengua decía: “el uso nos ha hecho tener por mejores los vocablos arábigos que los latinos…”, manifestándose, así, en contra del uso de extranjerismos sin causa aparente.


En el siglo XVII fueron abundantes las novedades aparecidas en la literatura, aunque de escaso calado en el pueblo llano. Llama la atención, no obstante, el hecho de que fray Herónimo de San José, en Genio de la Historia, considere que el español está en su derecho de tomar palabras de otras lenguas: “De todos con libertad y señorío toma, como de cosa suya (…); y, así, mejorando lo que roba, lo hace por excelencia propio”, lo que, salvando las distancias y los diferentes contextos, se podría considerar un precedente del actual criterio académico.


La expansión del francés, como lengua símbolo de la modernidad, y de las ciencias y de la artes del siglo XVIII, llevará al P. Feijoo a instar a los jóvenes a no estudiar latín y griego, y dedicarse al estudio de los idiomas modernos, especialmente del francés, lo que fue motivo de grandes controversias. Si a esto sumamos el afrancesamiento de la costumbres y los galicismos en el idioma, no es difícil de comprender la división, que sobre este tema, se produjo en la sociedad española del momento. El enfrentamiento entre afrancesados y castizos es la continuación de aquel primer debate del Diálogo de la lengua, pero no sólo limitado a escritores y letrados, sino convertido, sobre todo por la coyuntura política, en debate público.  


El siglo XIX, a pesar de poder ser considerado como época liberal, dejó también, como era de esperar y, es una constante hasta nuestros días, opiniones contrarias al aperturismo. El padre Mir, en 1908, comentaba a este respecto: “Tengo puesta la penitencia de rogar a Dios nuestro Señor por todos los galicistas, a fin de que, torciendo del mal camino, se conviertan de sus malos pasos a los de la purísima lengua…”.


La Real Academia Española de la Lengua (RAE) se ha enfrentado, desde su fundación en 1713, a la ardua tarea de construir y de reconstruir su Diccionario, ejerciendo de árbitro en esta historia de criterios opuestos.


El diccionario es, fundamentalmente, palabras, y cuantas más aparecen en su nomenclatura mejor será, dice Alvar (2002). Ya en  la Historia de la Real Academia Española, que figura en el primer tomo del Diccionario de Autoridades,  en su primer estatuto se puede leer: “[...] tiene por conveniente dar principio desde luego por la formación de un  Diccionario de la lengua, el más copioso que pudiera hacerse”.


Si por un lado, como se ha dicho, hubo y hay quienes abogan por una lengua libre de neologismos, por otro lado, manifiestan su desacuerdo los que tildan a la RAE de retrasada respecto a la lengua en uso, de excesivamente cautelosa a la hora de registrar neologismos, y, no pocas veces, de usar criterios opacos en la aceptación y exclusión de determinadas voces. En el Prólogo de la novena edición (1843), la Academia comenta a este respecto:


Este es el objeto primordial del Diccionario, dar a conocer las palabras propias y adoptivas de la lengua castellana […], pero muchos no lo entienden así, y cuando no encuentran en el Diccionario una voz que les es desconocida, en vez de inferir que no es legítima y de buena ley, lo que infieren es que el Diccionario está diminuto.


Lara (2004) enfatiza que hablar de léxico español contemporáneo es hablar de una cantidad enorme de palabras, muchas de ellas desconocidas por la falta de estudios y de los diccionarios necesarios. Afirma que los diccionarios españoles sólo registran una pequeña parte del léxico español, y sugiere estudios integrales del vocabulario de cada región española, de los vocabularios coloquiales y populares, de las terminologías científicas y técnicas, de los vocabularios cultos ligados a las instituciones políticas y de comunicación de los países hispanohablantes, y del léxico de la enorme riqueza natural de los territorios hispánicos, que no es conocido ni lingüística ni biológicamente.

 

2.      CRITERIOS PARA LA ACEPTACIÓN DE PALABRAS EN EL DICCIONARIO ACADÉMICO


Desde las primeras críticas de Juan Valdés, en ‘Diálogo de la lengua’,  hasta nuestros días, se podrían poner un sinfín de ejemplos de opiniones encontradas sobre la aceptación o el rechazo a los neologismos, pero, ¿cuáles son los criterios que hoy en día sigue la Academia para la aceptación de neologismos en el Diccionario? 


El Pleno de los académicos es el órgano encargado de tomar las decisiones que afectan al Diccionario. Para poder mantener al día su repertorio, el Pleno académico cuenta con la ayuda del Instituto de Lexicografía y de diversas comisiones.


Las comisiones académicas elaboran las propuestas de adición, supresión o enmienda que posteriormente examinará el Pleno para decidir sobre su aprobación. El Instituto de Lexicografía prepara los materiales que se discuten en comisión y documenta las propuestas.


Una vez estudiadas por las comisiones y el Pleno, las propuestas pasan a consulta de las academias americanas que propondrán sus observaciones para que la modificación pueda ser aprobada definitivamente.


El proceso de actualización de un diccionario se centra en las tareas de adición de nuevos artículos o acepciones, de la supresión de artículos o acepciones ya existentes y de la enmienda total o parcial de los artículos.


Las fuentes documentales del diccionario académico, que se han ido creando y ampliando en distintas etapas de su historia, son  actualmente: el banco de datos del español, que cuenta con más de 400 millones de registros de textos históricos y actuales de todos los países hispanohablantes; el fichero histórico de la Academia, con sus más de diez millones de papeletas léxicas y lexicográficas; las obras de referencia y estudios monográficos sobre léxico; la Unidad Interactiva del DRAE (UNIDRAE), un servicio creado para atender y canalizar las propuestas y sugerencias externas relacionadas con el Diccionario.

 

3.      DUDAS RAZONABLES SOBRE LA INCLUSIÓN / EXCLUSIÓN DE NUEVAS VOCES EN EL DICCIONARIO


A pesar de tantas y de tan prestigiosas fuentes e iniciativas, muchos nos seguimos preguntando por qué voces como fotodepilación, que ya está registrada en el Diccionario del español actual (Aguilar, 2011), en el Diccionario de neologismos (Everest, 2011) y en el Diccionario de neologismos on line (Larousse/IULA), no está recogida en el DRAE (23ª edición); o que voces como amaderado, amariconamiento, apilable, bifobia, bioclimático, botellódromo, camelancia, desbrozadora, filoetarra, hepatopatía, motoserrista, multidimensional, nacho, nanosegundo, naturópata, oxigenoterapia, pancartero, piroclasto, piropeador, pizzero, rinorrea, skateboard, teletrabajar, tocapelotas, ultracongelar o viscoelástico, ya registradas en el Diccionario de Aguilar (2011), o incluso la palabra ébola, que no aparece en los citados diccionarios, pero de gran actualidad y difusión hace años, tampoco hayan sido consideradas para la inclusión en la nueva edición del diccionario académico y, sin embargo, se incluyan las voces apotropaico, bluf, camp, cienciología, clínker, euroescepticismo, flap, haiku, ikebana, peluco, toricantano, entre muchas otras, que si bien merecen su espacio en la obra, no parecen tan asentadas en el idioma ni de uso tan extendido como las primeras.  


La Academia, en general, se justifica alegando que es materialmente imposible incluirlas todas, a pesar de que algunas voces son eliminadas por haber caído en desuso para dejar espacio a las nuevas entradas, y reconoce que el Diccionario siempre ha de “ir por detrás” y “nunca adelantarse” a lo que la sociedad dicta.


Que una palabra no esté en el diccionario no significa que su uso no sea perfectamente legítimo, y por este motivo proliferan las antenas neológicas, los bancos y los diccionarios de neologismos, las obras lexicográficas que recogen el español actual, las investigaciones sobre nuevas tendencias en neología, la actualización de libros de estilo, etc., que intentan recoger, aunque sea tarea casi imposible, las innumerables novedades léxicas con las que los usuarios de la lengua nos encontramos en el día a día. El objetivo es su registro, para que quede constancia de su presencia en la lengua; su estudio, para analizar el contexto de su surgimiento y su formación; su posible adaptación al español; la definición más acertada, etc., para que el hablante pueda interpretar correctamente los textos actuales y usar la lengua con propiedad, y para que, en el futuro, se puedan comprender mejor nuestros hábitos lingüísticos y la sociedad tan cambiante del siglo XX y de este principio del nuevo siglo.

 

4.      PRENSA ESCRITA Y NEOLOGISMOS


La lengua es un vehículo de comunicación social, y cada etapa histórica acomoda el lenguaje al medio en el que se desenvuelve. Cada comunidad selecciona una parte de la realidad, le da nombre y la introduce de este modo en su sistema lingüístico; a medida que las necesidades cambian, se modifica la lengua.


El lenguaje, comenta Abad Nebot (2008), permanece en esencial identidad, aunque asimismo en una continua modificación; desde luego existe según una variabilidad siempre nueva.


Los sucesos históricos, una evolución en las instituciones, los avances tecnológicos y de la ciencia, etc., arrastran consigo alguna novedad en el lenguaje, sobre todo en el vocabulario.


La renovación del léxico de la lengua tiene en la actualidad un dinamismo superior al de otras épocas. El progreso continuo en el campo de la ciencia y de la técnica es uno de los determinantes de ese cambio constante y veloz. El otro determinante es la influencia que tienen en la actualidad los medios de comunicación.


La prensa escrita es un observatorio extraordinario para ver día a día cómo surgen palabras nuevas o cómo se resucitan voces que parecían en desuso. Al ser testimonio de una sociedad global, el discurso periodístico es una fuente inagotable de neologismos y de voces inicialmente neonímicas que son muestra de las tendencias léxicas de nuestra lengua.


Los diarios, sus suplementos y revistas publican diferentes variedades textuales destinadas a un público diverso. Encontramos en sus páginas, creaciones o usos lingüísticos del mundo de la política, de la economía, de la moda, del sector automovilístico, de los viajes, de la salud, de los deportes, de los toros, jardinería, animales domésticos, gastronomía, y un largo etcétera. Creaciones o usos lingüísticos que van desde la jerga juvenil hasta el uso de términos científicos vertidos en la lengua general y a los que el lector se enfrenta cuando lee la prensa. Los periódicos son por sí mismos creadores de usos lingüísticos porque están obligados a registrar palabras desde el momento en que nacen. Pero, además, los periodistas son difusores de usos lingüísticos y tienen, pues, la responsabilidad de usar el idioma correctamente. Lázaro Carreter señaló, en muchas ocasiones, que los modelos lingüísticos de nuestra sociedad no son ya los grandes escritores a los que la escuela proponía como modelos del lenguaje hablado y escrito, sino los que la prensa, la radio y la televisión mitifican o convierten en objetos de consumo en masa.


Y aunque son muchos los que critican los malos usos del lenguaje por los periodistas: reiteraciones de términos, cambios de género, puntuación incorrecta, uso abusivo de extranjerismos, siglas, etc., también es verdad que, en muchas ocasiones, estos profesionales tratan de ganar la atención de los lectores con palabras nuevas y llenas de expresividad. Su objetivo es sorprender, y su ingenio aporta una fuerza expresiva que sacude la monotonía y vende periódicos.


El idioma, como código expresivo del hablante, es una constante recreación de base popular. Y son los periodistas los que, por estar en continuo y constante contacto con la vida, están más cerca de ese lenguaje hablado que es, a fin de cuentas, el verdadero lenguaje; no el de la letra muerta de gramáticos y académicos (Martín Vivaldi, 1987 :251).


Las causas que propician la introducción de nuevas creaciones en el lenguaje periodístico son muy variadas. Guerrero Salazar (2008) comenta que, además de la heterogeneidad de códigos y la necesidad de conseguir un estilo propio, hay que tener en cuenta el contagio sociocontextual, la ignorancia y el error, la economía o administración del espacio periodístico, los recursos para la correferencia. 


Aguirre Martínez (2013) distingue, en su estudio sobre neologismos en la prensa, dos tipos de motivaciones para su creación: semánticas y pragmáticas. Según Aguirre, hay situaciones en las que la necesidad semántica lleva a buscar un nuevo término. Son casos en los que tenemos un significado que carece de significante. Esto sucede cuando el objeto, concepto, acción o situación es de nueva creación y se hace necesario buscar un término que sirva para referirnos a ellos. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la palabra que se crea no es necesaria. Lo que busca el periodista es añadir un determinado matiz de significado. Cuando la motivación es estrictamente pragmática, se crea, pues, una palabra que añade un determinado matiz de significado a una palabra ya existente. Este matiz puede ser peyorativo, atenuante, cómico, etc.  


Lo que es incuestionable es que la prensa, ya sea como creadora o como mera transmisora de innovaciones léxicas es una de las fuentes más importantes para la realización de estudios sobre neología. Hay que recordar que la Real Academia Española (RAE), reacia durante mucho tiempo a los neologismos, acabó por incorporarlos a su diccionario y que, para el Banco de Datos (CREA), la prensa del mundo hispánico ocupa un lugar relevante entre su documentación, de tal forma que los textos periodísticos igualan en número –si no los superan– a los documentos literarios. Y lo mismo se puede decir de otros bancos de datos o de otras obras lexicográficas de prestigio como, por ejemplo, el Diccionario del español actual (Aguilar, 2011).


El usuario se familiariza con una serie de vocablos que, con el tiempo, pueden llegar a formar parte del acervo común, en la medida que su uso se extienda y se generalice, y sean sancionados por los diferentes repertorios lexicográficos o quedarse en un ‘limbo’ esperando la redención aunque su uso esté ya muy generalizado.


La lengua española presenta, en general, unas características lingüísticas que no son ni mejores ni peores que en otros momentos, sino que responden a la sociedad actual y a las formas de comunicarse de los hablantes. Y esta sociedad es el resultado de las grandes convulsiones sociales que se operaron en España a lo largo del siglo pasado y que siguen operándose en este nuevo siglo. La sociedad española ha cambiado, y la lengua, como hecho social que es, ha acompañado estos cambios adaptando y creando nuevas palabras para las nuevas realidades que nos ha tocado vivir.

 

5.      LO QUE EL DICCIONARIO NO DICE


Si el léxico es el ‘espejo’ de la sociedad, la nuestra es una sociedad cambiante. Este cambio continuado se refleja en las innovaciones léxicas difundidas por la prensa escrita que, en sus diferentes secciones, además de hacerse eco de las novedades en las más diversas áreas, se constituye en una ‘voz de voces’ al publicar las creaciones lingüísticas de los periodistas, escritores y demás personas que escriben en los diarios aunque en muchas ocasiones estas voces, por diferentes motivos, no hayan aún sido sancionadas e incorporadas a los diccionarios. 

 

En un estudio sobre neología realizado para la tesis doctoral Prensa y neologismos: la naturaleza adaptativa y creativa del léxico (Yáñez, 2014), entre octubre de 2011 y octubre de 2012, se recogieron, mediante vaciado manual, más de 3.000 palabras y expresiones publicadas en los periódicos españoles El Progreso, El Correo Gallego y El Mundo. En la investigación, se constató que ninguna de las lexías registradas estaba recogida en el Diccionario de la Lengua Española (DRAE, 22ª edición). Asimismo, se comprobó, por medio de diferentes consultas, su irregular presencia en diferentes obras lexicográficas y bancos de datos. 


Según los resultados de este estudio, analizando la prensa española, nuestro nuevo léxico económico parece estar dominado por el inglés, y palabras como subprime, tax lease o venture capital aparecen, casi a diario, en nuestros medios de comunicación. Además, España está ligada en lo económico a Europa (eurobono, euroimposición), y la crisis generalizada que se cebó en Grecia, que amenazó con la dracmatización de su economía, también afecta seriamente a nuestro país. Los bancos, aquí, parecen ser los principales culpables (banco digno, banco malo, banco puente), y también la especulación (bonos basura).


Asimismo, aunque en los malos tiempos el crédito es escaso, aparecen en el mercado nuevas formas de financiación, tanto para el Estado y las instituciones como para los particulares: bancobono, microfinanciación, hispabono. Y si la financiación exterior no es suficiente, el afán recaudatorio del gobierno se traduce en nuevos impuestos: supertasa, céntimo verde.  Además, se piensa en medidas para economizar: descarbonizar (‘abandonar la dependencia del carbón’) o controlar el consumo oculto (‘consumo de energía eléctrica de aparatos que están apagados o fuera de servicio’).


Sin embargo, parece que lo peor de esta crisis ya se ha superado (eurooptimismo, topalantismo).


En la política, también se percibe la estrecha unión a Europa (eurociudad, eurosistema, eurovoto). Los principales problemas en política parecen ser: la corrupción (apellidismo, esposismo, tajadismo); los problemas derivados de la política deudal del gobierno, que según muchos nos llevará al austericidio; la especial situación de algunas Autonomías (necionalismo); el terrorismo (filoetarra, impunipaz). Los políticos dejan, a menudo, su huella en el léxico (Fragalicia, zapaterato, rajoyano), y lo mismo ocurre con el gobierno de turno (neoderecha, derechil). Los políticos más audaces, no satisfechos con gobernar en la Tierra, hacen ya sus planes para gobernar el universo (exopolítica).


La salud siempre ha sido un tema de candente actualidad. Hoy se suele identificar la salud con el bienestar, y se da mucha importancia a lo natural, lo ecológico, lo exótico. La salud se ha convertido, en parte, en una mercancía que lleva a la felicidad, a la belleza, al placer (antiaging, biosaludable, nutricosmética). Se descubren nuevos fármacos, sustancias, compuestos (carnitina, benzodiapecina, parabenos); se aplican nuevos tratamientos (ninfoplastia), y un sinfín de terapias (abrazoterapia, chocolaterapia, orinoterapia, vinoterapia). Hay avances que parecen sacados de una película de ciencia ficción (criogenización), y sigue el debate sobre la eutanasia (móvil-eutanasia, tele-eutanasia).


La gran cantidad de palabras formadas con los elementos compositivos cardio- y neuro-: cardiometabólico, cardioprotector, cardioversión, neuroftalmologíaneuromoduladorneurooncológico, neuropático, neuroprotector, neuroquirúrgico, neurregeneración, etc., puede indicar, además de la preocupación, en la medicina actual, por el elevado número de dolencias relacionadas con el corazón y con el sistema nervioso, un avance a la hora de prevenir, diagnosticar y tratar estos males que algunos estudiosos ya no dudan en calificarlos de pandemia.  


La terminología propia de la medicina llega a popularizarse, en parte, por su difusión en los medios de comunicación y el desgraciado padecimiento por gran parte de la población de algunas afecciones: pastillazo (‘acción de tomar muchas pastillas’); quemagrasas (‘que actúa sobre el metabolismo hepático, ayudando a depurar el organismo, y así perder peso’); pitopausia (‘andropausia o climaterio masculino’), en la que la forma coloquial y humorística quizá intente restar importancia social a la supuesta pérdida de hombría.


Siempre se han asociado los deportes a la salud y al bienestar. En los últimos años han surgido nuevos deportes y técnicas de entrenamiento que cuajarán o no dependiendo del número de deportistas que decidan practicarlos y de su práctica continuada en nuestro país: yogailates, balsaje, skicross, body-flow, indoorwalking.


Por otro lado, no merece la pena forzar una correspondencia en español para voces extranjeras que ya están muy asentadas entre los deportistas de una disciplina deportiva: no parece que la propuesta del Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD) ‘tablavela’ vaya a desplazar a la voz inglesa windsurf.  Asimismo, tampoco serán fáciles de adaptar términos como, por ejemplo, ride through (en una carrera de motos, ‘sanción por haber cometido alguna infracción…’) o skicross (‘modalidad del freestyle skiing en la que cuatro esquiadores salen simultáneamente para sortear diferentes obstáculos’).  


La selección de fútbol de España, tras años consecutivos de buenos resultados y de logros tan importantes como la conquista del Mundial de Fútbol de Sudáfrica (2010), inspiró a los periodistas deportivos, que popularizaron la voz que define un nuevo estilo de jugar al fútbol (tiqui-taca) y al jugador que exhibe esta habilidad (tiquitaquero).


Mientras que en España, la Real Academia Española (RAE), tal vez también inspirada por los éxitos cosechados por la selección de fútbol, acaba de incorporar al Diccionario una modalidad deportiva tan popular como el ‘futbito’ (23ª edición del DRAE), en la playas del ‘país do futebol’ (Brasil) ya es muy popular el  futvoley o futevolei (fusión de fútbol y voleibol). 


También en los deportes aparece esa estrecha relación con nuestros vecinos: euroliga, eurobaloncesto.


Con la crisis acentuándose en España, aumentan las diferencias sociales (milmillonario), y tres generaciones (cachorroflautas, perroflautas, yayoflautas) se manifestaron en el país contra la política de austeridad del gobierno de Mariano Rajoy (movimiento quincemayista). Se culpa a la crisis del aumento de la delincuencia (enchorizamiento, robaviejas), de los delitos de sangre (hermanicidio), de la violencia de género (feminicidio), del consumo de drogas (encocado, instanpedo, policonsumidor).


España, para algunos, se ha convertido en un país de chonis, neopaganos, neosolteros, pichabravas, tocahuevos, pronadies, quejólicos, etc., donde las fobias (eurofobia, nomofobia, palabrofobia, islamófobo…) pueden llegar a ser un problema social.


Ante esta situación adversa, de descaraje generalizado, al ciudadano sólo le queda tomarse la vida con autohumor, y recurrir a la chistología nacional para mitigar las penas y lograr el desestrés, o apoyarse en la wantología para encontrar un nuevo camino a seguir en la vida.


A pesar de esta coyuntura desfavorable, aún hay lugar para el optimismo. La educación, uno de los pilares de la sociedad, presenta también avances: crowdlearnig, home-schooling, sobrecualificación. Además, se observa una creciente preocupación social por la ecología (ecoideológico, econegocio, ecoinnovación, agroecológico, huella ecológica); ‘lo verde’: calor verde, consumidor verde, y ‘lo bio’: biocapacidad, bioclimático, biotrituradora, biodiésel; las ‘energías limpias’ y el ahorro energético: maremotor, jacket, modo sleep, undimotriz; la preservación de la vida sobre la Tierra: ecoguerrero, ecosostenible, vivarium; y un significativo interés por las artes y la música, aunque la crisis también haya llegado hasta aquí (micromecenazgo).


El acelerado desarrollo de la tecnología y de los conocimientos del hombre acerca del medio en que vive ha motivado la aparición de ciencias y técnicas novedosas: acuacultura; astrobiología; glicobiología; glotocronología; tanatopraxia. La astrobiología, por ejemplo, es una ‘rama de la biología que estudia la vida extraterrestre’; la glotocronología es un ‘método para determinar el grado de relación entre dos o más lenguas emparentadas y la cronología de su separación respecto de una fuente común’.


Se registran avances en casi todas las ramas del saber: en astronomía: exoplaneta (‘planeta que está fuera del sistema solar’), energía oscurapicosatélitepúlsar; en robótica: biorobot; en automoción: full hybrid, mild hybrid; en mercadotecnia: embalaje inteligente; en las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación: bluetooth, feature phone, prompter, retroiluminación, smartphone, smart TV, videoconferencing; en vulcanología: piroclástico, piroclasto, etc.


En el día a día, nos encontramos nuevas palabras para elementos, compuestos, minerales, etc.: dioxina, etilcelulosa, fullereno, grafeno, halogenuro, impactita, lignina, metaloproteinasa, proteoglicanos, sulfurafeno, tanzanita.


Se crean nuevos aparatos y dispositivos para mejorar nuestra calidad de vida: cortavientos, desbrozadora, deshumidificador, enhebrador, gafas-guía, portaobjetos, salvaescalerastetrabrik, etc., pero intentando tener en cuenta el medio ambiente y la economía de recursos: calefacción azulcalefacción radiante, district heating, autoapagado, autolimpiable; y sin descuidar la seguridad: fotoidentificación, sonógrafo.


Este baño de modernidad ha llegado incluso a la Iglesia Católica, que se va con los tiempos y comercializa el rosario electrónico.


La informática ha revolucionado la sociedad moderna, y ‘ciber’ se asocia ya a casi todo: ciberacosadorciberatraco, ciberbroma, ciberbulluying, cibercarta, cibercirugía, cibercomerciociberdelincuente, ciberdependencia, ciberdisidente, ciberescaqueado, ciberocio, ciberocupa, ciberperegrino, cibervoluntario, ciberlector. Y lo mismo ocurre con lo electrónico, pero con ‘e-‘ (del inglés 'electrocnic') antepuesta a la palabra, ya sea ésta patria o foránea: e-administración, ebook, e-branding, e-cliente, e-mailing, e-marketing, e-reader, e-receta, e-revista, eworker, y también con geo-: geolocalización, geolocalizar, geoposicionamientogeovisor.


Se crean incluso algunos verbos muy especiales: atachar, googlear, geolocalizar, pixelar, pixelizar, reinicializar, resetear, tuitear, retuitear, whatsappear.


Las redes sociales (féisbuc, orbyt, twitter) nos sorprenden no sólo por el número de usuarios, sino también por la utilización de un léxico propio e inestable. Se observa, por un lado, que en los casos de tuit, tuitear, tuiteo, tuitero, tuitódromo, retuit, retuitear, se españolizó el término. Por otro lado, en palabras como: tweet, tweet-redada, tweetstar, twitero, retweet, se conservó la base original tweet.


La revolución informática propicia la aparición de nuevos aparatos: geolocalizadornetbook, iPad, iPnone, pen drive, ultrabook, asimismo, gran variedad de aplicaciones, sistemas, programas: geovisor, gnuwatch, macroplataforma, power point, skypewhatsapp, widget, y tendencias que pueden representar cambios significativos en el mundo que nos rodea: cloud computing, cloud working, community management, digital business, m-commerce, telegestión, socialcommerce, social learning, social reading, trending topicunboxing.  


En el último siglo, los transportes, tanto de personas como de mercancías, han mejorado en comodidad y en rapidez. En las carreteras y calles nacionales se puede uno encontrar desde el transporte más simple (carroceta) a los más sofisticados (hot rod, segway). Hay transportes para el recreo de turistas (bateau mouche), para los trasnochadores (bus búho), y dentro de nada, por los menos aquellos que puedan permitírselo, viajarán al espacio (minitransbordador, espaciopuerto).


Cada vez se da más importancia al ocio, y no paran de surgir nuevas actividades para pasar el tiempo libre: acampada exprés, astroacampada, enoturismo, geocaching, que conviven con otras más tradicionales: apalabrados, autochoque, foliada, gincana, terraceo. También hay nuevos lugares de esparcimiento: botellódromo, campamento vix, comicteca, flotel, ocioteca, macrocomplejo, macrogimnasiosplash park, terraza-jardín.


El cine y la televisión siguen ocupando un lugar destacado en la preferencia de la gente: blockbusterdocu-realityinfortaiment, narcoserie, sillonbol, talent show, thriller noir. Llaman la atención las voces narcoserie y sillonbol. La primera define un tipo de serie televisiva que presenta temas relacionados con el narcotráfico y que tiene un éxito muy grande en países como Perú o México, tal vez por los graves problemas que sufren estos países debido al tráfico de drogas. El Diccionario del español actual (Aguilar, 2011) define sillonbol como ‘práctica de ver deporte por televisión’, y se supone que sentado en un sillón, en la comodidad del hogar y con la posibilidad de cambiar de canal si las cosas no van bien para el equipo favorito.  


Además del cine y de la televisión, se puede disfrutar del asiento con  diferentes juegos: backgamon, billar pool, black jack, mambrullo, pentacle, rellenos.


El DRAE no recoge un juego tan tradicional como el brilé, que aparece en Wikipedia con los siguientes nombres: balón prisionero, la quema, matagente, a matar, vivos y muertos, ponchados, el quemado, campos quemados, el delegado, el matador, balón tiro, las naciones, la matanza, matasapo, manchado, quemados y quemadores, muerto borracho, mato o brilé.


Aunque no sean muchos, algunos sí escogerán un buen libro para disfrutar con su lectura: bookcrossing, comicteca, librodisco, minilibro. El bookcrossing es un interesante sistema de fomento de la lectura que consiste, básicamente, en dejar libros en lugares públicos para que cualquier persona pueda leerlos, pero reintegrándolos después al sistema de libre circulación.  


Por la boca, no sólo muere el pez. Las sociedades humanas, sobre todo las occidentales, caminan, según los expertos, hacia la obesidad perniciosa.


En España, el gran flujo turístico y las sucesivas olas de inmigrantes, con sus culturas culinarias, han facilitado que el abanico de posibilidades gastronómicas se haya ampliado considerablemente. Además de la rica gastronomía española (androlla; butelo; gilda; piparra; richada), productos y platos extranjeros, a veces exóticos, se encuentran fácilmente en supermercados, tiendas especializadas, restaurantes, etc., de todo el país: de Italia (lingüini); de Inglaterra (cupcake); de Estados Unidos (cheeseburguer); de Francia (vichyssoise); de Palestina (maqlouba);  de Japón (koji-kin); de China (shaoxing);  de Marruecos (harira); etc. También, se diversifican los lugares relacionados con el buen comer y el buen beber: gastrobar; gastrococtelería; gastroteca; minicoctelería; petisquería; tapería; wine bar. Y al lado de la ‘comida rápida’ surge, en estos tiempos de prisa, un nuevo concepto: slow food (ing. ‘comida lenta’), con derecho a sobremesa.


La industria de la moda española se ha expandido a otros países, y el ciudadano de a pie sigue, muy de cerca, sus tendencias (fashion week, street style, color block). Aunque el diseño español marca estilo (ombliguero), la influencia francesa (brasier, sautoir), y la inglesa (peep-toes, girdlies) se aprecia en los fashionistas locales. Además, nos llegan ropas y complementos de lugares exóticos como, por ejemplo, de Brasil (havaianas), de Japón (zori) o del mundo árabe (niqab, hijab). 


El sexo ha dejado de ser tabú y, tal vez, en los tiempos que corren, ya nadie se escandalice si alguien comenta que ha estado en una tona (‘prostíbulo’) y que frecuenta el demi-monde (‘mundo de la prostitución’). Quizá, el reunirse con unas amigas para comprar productos sexuales (tupper-sex), hacer llamadas a una línea erótica (erotofonofilia), ir a una sexy store, comentar una película del género gonzo, o que alguien confiese públicamente que es homoerótico, ya no cause sensación. Sin embargo, ¿qué hombre confesaría que se masturba con un huevo Tenga?, ¿quién diría que práctica sexo en grupo (bukake, partouze), que se siente atraído por las prácticas sadomasoquistas (bondage), que se excita con las heces (cropofilia), o que tiene fantasías sexuales con extraterrestres (exofilia)? El mundo del sexo, por mucho barniz de modernidad que se le haya dado, sigue teniendo un lado oscuro, oculto e íntimo que difícilmente aflora debido a limitaciones personales y  a las convenciones sociales.


Pero es el desempleo, con diferencia, es el tema que más preocupa a los españoles, y eso que no paran de surgir nuevas profesiones: calentólogo; cuponero; e-vidente; gordólogo; martenauta; pegacarteles; wantólogo. Sin embargo, a no ser que se tenga un chupichollo, los parados tendrán que ‘reciclarse’ y aprender inglés, requisito fundamental para muchos empleos: advisor, business consultant; executive manager; personal shopper, o intentarlo con nuevas formas de trabajar: coworking, teletraducción. Además, las empresas parece que sólo están interesadas en contratar a adictos al trabajo (workalcoholics) y a personas que estén dispuestas a trabajar por la noche (moonworkers). O eso, o habrá que emigrar a Alemania, que invita a trabajadores extranjeros (gastarbeiter) y propone miniempleos para salir de la crisis. No es, pues, buen momento para los escaqueadores y los ninini (‘no estudian, no trabajan, no hacen nada) que no gocen de la protección de un papijefe.


Además, si las dos guerras mundiales, y sobre todo  la segunda,  desencadenaron el primer aluvión de siglas, en la posguerra se asistió a la consolidación y generalización del proceso. No en vano, primero Pedro Salinas y después Dámaso Alonso hablaron del siglo XX como el ‘siglo de siglas’. Y este proceso continúa hoy a un ritmo imparable. La prensa, por el imperativo de economía de espacio editorial, crea y difunde un gran número de siglas y acrónimos, que normalmente aparecen en las páginas de los diarios con su significado. El DRAE suele recoger sólo acrónimos de uso muy extendido, pero se puede recurrir, en caso de necesidad, a los diccionarios de siglas y a los libros de estilo de los diferentes periódicos, aunque sea tarea casi imposible relacionar todas las que se publican. 


Y esto sería una pequeña muestra de esa nueva sociedad española contemplada en la prensa escrita y que, valiéndose de un léxico sobre todo funcional y creativo, se nos presenta abarcadora, actualizada, sin ambages y flexible, aunque el diccionario, por el motivo que sea, no dice.


Las palabras que aparecen en letra cursiva en este texto forman parte de un registro de posibles neologismos que se realizó, mediante vaciado manual, en los periódicos españoles El Progreso de Lugo, El Correo Gallego y El Mundo, sus suplementos y revistas, entre octubre de 2011 y octubre de 2012.


En el registro sólo se incluyeron lexías sacadas de estos medios de comunicación escrita que no aparecieron recogidas en el Diccionario de la lengua española (DRAE, 22ª edición) y en, al menos, uno de los siguientes bancos de datos:

 

6.      CONCLUSIONES


En cada momento histórico, pues, hay nuevas palabras que entran en circulación, otras que están en rodaje, las hay que se ponen de moda durante un cierto tiempo, que cambian de significado o que, por falta de uso, desaparecen. Es un proceso muy dinámico en el que el léxico se adapta a la nueva situación y se crean, muchas veces por necesidad, nuevas palabras. 


El lenguaje periodístico, además de ser vehículo difusor de aspectos concretos sobre economía, política, sociedad, deportes, etc., con sus rasgos lingüísticos característicos, describe el estado actual de las cosas, los nuevos conceptos de vida, las nuevas ideologías, las nuevas tendencias, las novedades en todas las áreas, poniendo de manifiesto la capacidad del léxico de adaptarse a las nuevas situaciones y a las más diversas realidades, y la creatividad del periodista para, muchas veces, sorprender al lector por la fuerza expresiva de las voces creadas. 


El léxico empleado por los profesionales del periodismo escrito es testigo de los cambios que se están produciendo en nuestra sociedad, y estas innovaciones léxicas deben ser registradas y estudiadas.


La importancia de la prensa escrita como fuente de información sobre la lengua para la realización de diversos estudios y la elaboración de diccionarios; la proliferación de antenas neológicas y de bancos de neologismos; la publicación de obras relevantes para llevar a cabo estudios sobre neología contribuyen al registro de estas voces novedosas, pero es tarea difícil, y se deben redoblar los esfuerzos para que haya constancia del “nacimiento” de estas voces, del contexto de su aparición, de su significado, uso y frecuencia, etc., todos ellos datos de interés para el estudio diacrónico y sincrónico de la lengua española, para la elaboración de nuevas obras lexicográficas, para la actualización de bancos de datos y de libros de estilo, así como aportar información relevante para el trabajo e investigación de filólogos de varias lenguas, traductores, etc., para beneficio de los usuarios de la lengua.  


La integración del neologismo en la estructura léxica de una lengua constituye el fin del ‘período transitorio’ que va desde su aparición hasta su inclusión en el diccionario. Su registro en los repertorios lexicográficos generales obedece generalmente a su elevado grado de difusión y frecuencia de uso, aunque para obtener la ‘carta de naturaleza’ no siempre se sigan estos criterios.


No parece desacertada la propuesta de Menéndez Pidal de crear un ‘léxico total’ que registre “todo lo que literalmente se escribe como no sea una aberración puramente individual y extravagante, todo lo que se habla por una agrupación de la sociedad no totalmente inculta (…) ora proceda del momento actual, ora venga de tiempos pasados”, y ahora disponemos de los medios técnicos para hacerlo.


El Instituto de Investigación Rafael Lapesa de la Real Academia Española (RAE) es el encargado de la redacción del Nuevo diccionario histórico del español (NDHE), así como de la preparación de los materiales para esta obra, que busca presentar de un modo organizado la evolución del léxico español a lo largo del tiempo, y  “ofrecer a los filólogos y al público en general aquella información relevante sobre la historia de las palabras que les permita interpretar los textos del pasado”. Y todos los esfuerzos serán pocos para que las futuras generaciones puedan comprender la forma de vida y de entender el mundo de la sociedad actual, pero tendremos que esperar para ver esta nueva iniciativa de la Academia y comprobar su alcance.


Si las palabras, términos y expresiones presentadas en este  texto y otras muchas que aún no lo están formarán parte de futuras ediciones del DRAE o de otras obras lexicográficas que aún no las recogen, si cuajarán y tendrán éxito en la comunidad  hispanohablante, o serán olvidadas, superadas por otras innovaciones, adaptadas a  nuestro  idioma o recicladas para representar otras realidades, sólo lo sabremos con el tiempo. De momento están ahí y forman parte de la comunicación diaria, por lo menos en la prensa escrita y en el habla de algunos usuarios de la lengua española, mostrando la naturaleza cambiante, creativa y adaptativa del léxico, y la especial función que desempeña la prensa escrita con su difusión. 

 

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El autor también ha escrito Yáñez López, F. J. (2015): "Cambio léxico: las palabras nunca mueren / Lexical change: words never die"Lengcom 10.1, que completa este artículo, con nuevos datos.