Lengcom 5.1 (2015). ISSN 2386-7477


Recibido: 28-01-2015 / Aceptado: 03-02-2015

Artículo reeditado. El autor lo publicó originariamente en

Actas I Congreso de Investigación Cualitativa en Ciencias Sociales.

Revista de Ciencia y Técnica. Universidad Siglo XXI de Córdoba, Argentina. ISSN 1851-4790.


La producción discursiva en grupos de discusión reducidos:

posibilidades y limitaciones

Discursive production in small focus groups: Possibilities and constraints 

Jorge Ruiz Ruiz

Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA-CSIC)

jruiz@iesa.csic.es

 

Resumen: El número de participantes o tamaño de los grupos es un factor que incide directamente sobre su dinámica y, en consecuencia, sobre las características específicas de los discursos producidos en los mismos. Así, entre los científicos sociales que los utilizan hay una preferencia generalizada por los grupos con un mínimo de seis participantes. Con menos de seis se considera con frecuencia que tanto la dinámica grupal como el producto discursivo resultante son deficientes. O que, al menos, son más problemáticos. Esto no ha impedido, no obstante, que se hayan desarrollado variantes metodológicas de grupos con un número menor de participantes. En concreto, nos encontramos con los llamados mini-focus groups y con los grupos triangulares, que sería un grupo reducido formulado en la tradición del grupo de discusión de la Escuela Cualitativa de Madrid. En esta comunicación se hace una revisión de la literatura sobre el tamaño de los grupos y de las propuestas formuladas por distintos autores. Además, se aporta la propia experiencia práctica en el uso de grupos reducidos, adquirida en investigaciones sociales aplicadas desarrolladas por el IESA-CSIC en los últimos años. Todo ello con el objetivo de destacar las potencialidades para la investigación social de esta variante reducida de los grupos y de promocionar su uso riguroso.


Abstract: The number of participants or group size is a factor that directly affects focus group dynamics, and hence the specific features of the discourse produced. Social researchers that use this technique show a preference for groups with at least six participants as less than six participants is often regarded as damaging the group dynamics and therefore the discursive production. Although these small groups are frequently seen as problematic, this has not hindered the development of methodological adaptations for groups with fewer participants; specifically, the so-called mini-focus groups and triangular groups, which are considered small groups in the tradition of the Qualitative School of Madrid. In this communication, I review the literature on group size and the proposals made by different authors in this regard. In addition, I discuss my own practical experience in using small groups, which I have acquired in performing applied social research for the IESA-CSIC in recent years. The aim is to highlight the potential of these small groups for social research and promote their rigorous use.

 

Palabras clave: grupo de discusión, mini focus group, grupo triangular, grupos reducidos.

Keywords: discussion group, mini-focus group, triangular group, small groups.


1. Introducción


El tamaño ideal de los grupos destinados a la producción discursiva es una cuestión sobre la que existe un relativo consenso. Este tamaño ideal se suele expresar en términos de un intervalo que marca el número máximo y mínimo de participantes que se considera que debe formar un grupo para desarrollar una dinámica satisfactoria y, en consecuencia, tener una mejor y mayor producción discursiva. En la mayoría de los casos este intervalo o bien coincide o bien está incluido entre los 6 y los 12 participantes (p.e., Krueger, 1994; Morgan, 1997; Greenbaum, T. L., 1998; Hennink, M., 2007; Stewart et al, 2007; Onwuegbuzie et al, 2009), aunque algunos autores reduce el número mínimo de posibles participantes a cinco, más en concreto en el planteamiento del grupo de discusión de la llamada Escuela Cualitativa de Madrid (Ibáñez, 1979; Alonso, 1996). En cualquier caso, con menos de cinco o seis participantes la dinámica grupal se considera muy complicada y la producción discursiva del grupo demasiado escasa o demasiado pobre.


No obstante, también encontramos propuestas que plantean la posibilidad de realizar grupos formados por un número reducido de participantes. Y no sólo la posibilidad sino también la potencialidad o, incluso, la conveniencia de este tipo de grupos para determinados objetivos o en determinadas circunstancias. Se trata, en concreto,  de los mini focus group, en la tradición anglosajona, y de los grupos triangulares, en la tradición española y latinoamericana del grupo de discusión.  Estos grupos reducidos constituyen, no obstante, una forma atípica, heterodoxa o no canónica de formato grupal, que a pesar de haberse venido utilizando en la práctica de la investigación social desde hace más de dos décadas, ha tenido un relativamente escaso desarrollo metodológico.


Esta comunicación pretende contribuir a este desarrollo metodológico de los grupos de discusión reducidos. Para ello en un primer momento se hace referencia a los problemas, las dificultades o los inconvenientes que plantean, y que llevan a la preferencia por formatos más numerosos. En un segundo momento, se plantean  las ventajas que tienen los grupos reducidos, las posibilidades que proporcionan y las indicaciones para su uso. Se trata en este segundo momento de establecer para qué y cuándo se pueden utilizar la producción discursiva en grupos reducidos. Por último, se aborda la cuestión de las especificidades técnicas que presentan este tipo de grupos, esto es, se trata de establecer cómo se pueden evitar o minimizar los problemas y dificultades que platean.


Estas consideraciones y reflexiones sobre los grupos reducidos se basan principalmente en las aportaciones realizadas por distintos autores que los han utilizado, pero también de aporta la experiencia investigadora propia. Con ello se pretende contribuir a aprovechar y potenciar las posibilidades que ofrece un formato reducido de grupo para la producción discursiva, abordando a la vez los problemas y dificultades que sin duda también conlleva.


2. Inconvenientes, problemas y dificultades de los grupos reducidos


La prescripción técnica de un mínimo de seis participantes en los grupos de discusión o focus group, responde a una doble consideración: con menos participantes los grupos funcionan peor y/o tienen una menor producción discursiva. La formación de grupos relativamente numerosos tendría el objetivo, por lo tanto, de garantizar unas condiciones idóneas para la formación del grupo y para la dinámica grupal, esto es, para desarrollar una conversación. Con menos de seis participantes el funcionamiento y la producción discursiva de los grupos serían cuanto menos problemáticos.


Una primera consideración crítica sobre la producción discursiva en los grupos reducidos se refiere al empobrecimiento informativo que conllevan. Así, Fern (1982) sostiene que los grupos formados por ocho participantes generan más información, o más ideas, que los grupos formados por cuatro participantes, cuestión que prueba empíricamente. Desde este punto de vista, los grupos serían más productivos cuanto más numerosos, hasta un determinado límite en el que el exceso de participantes comienza a dificultar la interacción entre los mismos. En cierto sentido, estas consideraciones sobre la cantidad de información generada en los  grupos parten de una perspectiva individualista del producto discursivo del grupo, en la medida en que se considera la producción grupal como una suma o agregación de las aportaciones individuales de cada uno de los participantes, más que como un producto colectivo. Pero, en cualquier caso, resulta innegable que los grupos muy pequeños tienen el inconveniente de que sus participantes aportan, en su conjunto, un menor número de ideas o experiencias (Krueger, 1991; Hennink, 2007). De hecho, este empobrecimiento informativo de la producción de los grupos reducidos ha sido señalado también desde posicionamientos menos individualista (Morgan, 1997, 1996).


Un segundo inconveniente de los grupos reducidos es la menor diversidad de los participantes en cuanto a sus características o perfil sociológico. Por un lado, lógicamente cuanto mayor es el número de participantes mayores son las posibilidades de diversidad entre ellos. Por otro lado, los grupos muy pequeños para su correcto funcionamiento requieren de una mayor homogeneidad, ya que una ausencia de identificación con el grupo de alguno de los participantes y su consiguiente retraimiento de la dinámica grupal, tendría unas consecuencias más graves para la dinámica grupal que en los grupos más numerosos. Incluso, en los casos más graves, la falta de identificación entre los participantes en los grupos pequeños puede poner en peligro la propia dinámica grupal y la propia existencia del grupo a los efectos de su producción discursiva. Los grupos pequeños, por esta necesaria mayor homogeneidad, tienen el inconveniente de cubrir un espectro social más reducido o, dicho de otro modo, de actualizar o permitir la emergencia de un discurso socialmente más específico o particular (Hennink, 2007).


Un último inconveniente o problema que plantean los grupos reducidos tiene que ver con la mayor dificultad para mantener la dinámica grupal, esto es, para mantener una conversación con la suficiente fluidez e intensidad. Así, el menor número de participantes requiere de cada uno de ellos una mayor implicación en la conversación, para que ésta se mantenga de manera equilibrada. En los grupos más numerosos la mayor o menor implicación en la conversación de cada uno los participantes es menos problemática, siempre que no se caiga en el acaparamiento de la conversación o en el retraimiento. Dicho de otro modo, los grupos numerosos admiten una mayor flexibilidad en el grado de contribución en la conversación de cada uno de los participantes. Antes hemos señalado la precariedad o fragilidad de la situación grupal en los grupos pequeños, que aconseja su mayor homogeneidad desde el punto de vista de la composición del grupo. Desde el punto de vista de la dinámica grupal esta precariedad se traduce en una mayor gravedad del retraimiento de alguno de los participantes en la conversación, por lo que los grupos reducidos están particularmente contraindicados cuando los participantes tienen una escasa información o implicación con el tema que se les plantea (Hennink, 2007).


Los dos primeros inconvenientes se refieren a la, en cierto sentido, mayor pobreza del producto discursivo en los grupos pequeños, en relación con el que nos proporciona los grupos más numerosos,. El tercero se refiere al mayor riesgo de fracaso en la propia dinámica grupal y, por consiguiente, de la propia producción discursiva grupal. Teniendo en cuenta tan graves inconvenientes podríamos preguntarnos por qué insistir en realizar grupos en estas condiciones, esto es, por qué muchos autores se plantean y defienden la posibilidad la realización de grupos reducidos. Intentaré responder a esta cuestión desdoblándola a su vez en dos: para qué se plantea la realización de grupos pequeños, reducidos; y cómo se puede en este tipo de grupos evitar o, al menos, limitar los inconvenientes que conllevan.


3. Para qué sirven los grupos reducidos


La ventaja más clara de reunir a un menor número de participantes es la mayor facilidad de convocatoria y el consiguiente menor coste asociado a los grupos reducidos. Así, esta característica diferencial ha sido señalada y destacada repetidamente por los autores que se refieren a este tipo de grupos. Por ejemplo, Krueger sostiene que esta es la razón por la que los mini-focus groups se popularizaron relativamente en la década de los años ochenta del pasado siglo (Krueger, 1991, 98). Ahora bien, aunque esta ventaja es innegable e importante, su consideración exclusiva puede llevar a alguna confusión o malentendido. En efecto, una incidencia excesiva en esta reducción de los costes y de las dificultades que supone reunir a un número menor de participantes podría llevar a pensar que su adopción responde principalmente, si no de manera exclusiva,  a un criterio de comodidad y conveniencia por parte del investigador. Si a ello le unimos los inconvenientes que conllevan los grupos reducidos, se podría llegar a concluir que su adopción no está justificada y que, por lo tanto, no suponen más que una degradación o deterioro respecto de los grupos normales o canónicos.


Pero reconociendo la relevancia que puede llegara a tener este factor de mayor comodidad asociado a los grupos reducidos, sostengo que esta no es su única ventaja, ni la más importante. En particular, me interesa destacar otras tres ventajas que considero mucho más importantes para la investigación social mediante grupos: la posibilidad que ofrece de realizar grupos en condiciones en las que resulta complicado reunir a un grupo numeroso de participantes de determinadas características; las mayores posibilidades de expresión y, por lo tanto, de profundización en los temas que proporciona a cada uno de los participantes; y el carácter peculiar de la producción discursiva que propicia y, más en concreto, la mayor emergencia de la experiencia personal de los participantes en los discursos. Veamos cada una de estas ventajas de manera más detallada.


Determinados grupos son muy difíciles de reunir, ya sea por las características o perfil del colectivo objetivo (empresarios, médicos, etcétera),  bien sea por el contexto en el que se desarrolla la investigación (por ejemplo reunir a población residente en un entorno rural o reunir a personas sin que haya incentivo a la participación). En estas condiciones realizar un grupo numeroso o canónico puede resultar muy complicado. No sólo es que la convocatoria y organización del grupo resultan muy costosas en tiempo y dinero. Sobre todo es que el resultado de este esfuerzo es muy incierto, ya la reunión tiene un alto riesgo de fracasar por la incomparecencia sobrevenida de algunas de las personas convocadas. Así, se ha señalado por distintos autores la estrategia de reducir el número de participantes en los grupos no sólo para disminuir los costes y los esfuerzos asociados a la organización de estos grupos difíciles, sino además para aumentar la probabilidad de éxito de la convocatoria (Hennink, 2007; Greenbaum, 1998).


Se podría pensar que esta es la misma ventaja que la comentada más arriba sobre la mayor facilidad y el menor coste asociado a reunir a un menos número de personas. Sin embargo, en este caso la razón de optar por grupos no es la comodidad o el ahorro económico para la investigación. En este caso se opta por los grupos pequeños ante la imposibilidad o la alta dificultad asociada a reunir a un número mayor de participantes en los grupos. La diferencia puede parecer sutil pero en mi opinión es fundamental como criterio metodológico. No se trata de preferir grupos menos numerosos porque son más fáciles de reunir, sino de hacer posible la investigación con grupos reduciendo el número de sus participantes, en determinados casos especialmente difíciles. Ambas ventajas están relacionadas, obviamente, pero implican distintos criterios y se aplican a situaciones muy diferentes. No es lo mismo optar por realizar grupos reducidos porque son más fáciles de reunir, que optar por ellos porque se han encontrado muchas dificultades en reunir a un número mayor de participantes en determinadas circunstancias.


De hecho, el origen de los grupos reducidos puede estar, con una alta probabilidad, en convocatorias fallidas de grupos más numerosos, por incomparecencias de varias de las personas convocadas. Ante la disyuntiva de desconvocar el grupo o entrevistar a las personas que efectivamente acudieron, algunos investigadores habrían optado por realizar de manera improvisada una  dinámica en un grupo reducido, comprobando tanto sus dificultades específicas como sus posibilidades. Ahora bien, este probable origen azaroso o accidental de los grupos reducidos como variante de los grupos más numerosos no tiene sin embargo por qué restarle rigor ni validez. Por el contrario, lo que hace es abrir posibilidades de investigar mediante grupos en situaciones adversas y con colectivos especialmente difíciles de reunir.


Una tercera ventaja que presentan los grupos reducidos es propiciar una mayor profundización en los temas de conversación entre los participantes. En los grupos numerosos las posibilidades de intervención de cada uno de los participantes están limitadas por la necesidad de compartir el tiempo con el resto. Generalmente, las intervenciones de los participantes en los grupos son muy desiguales, pero lógicamente, a igualdad de tiempo total de la reunión, en los grupos pequeños cada uno de los participantes tendrá más tiempo para intervenir que el que tienen en los grupos más numerosos. Esto permite una mayor extensión y profundización en los argumentos.


En este sentido, se ha señalado la indicación de los grupos reducidos cuando los participantes están muy informados sobre el tema de conversación, cuando tienen opiniones muy formadas sobre el mismo o cuando tienen una experiencia o implicación personal en el mismo (Greenbaum, 1998; Hennink, 2007). Una reunión menos numerosa proporciona a los participantes una mayor posibilidad para aportar sus opiniones, más tiempo para explicarse, o para exponer sus argumentos. Antes señalé que los grupos reducidos están contraindicados cuando los participantes no tienen información o tienen una opinión poco formada sobre el tema de conversación, porque en ellos se genera una situación que obliga a cada uno de ellos a mantener una alta implicación en la conversación, generando tensiones  e inhibiciones si no se puede o no se sabe responder a este requerimiento situacional. La ventaja que aquí se comenta sería un correlato en positivo de aquella contraindicación, cuando por el contrario los participantes tienen mucha información o una opinión muy formada sobre el tema de investigación.


Un ejemplo nos ayudará a comprender esta ventaja de los grupos reducidos. Si queremos conocer la opinión de la población general sobre un tema muy técnico, por ejemplo, los problemas medioambientales o los usos del agua, será más adecuado un formato de grupo numeroso, en la medida en que se generará una situación menos acuciante y menos exigente para la intervención de los participantes. El hecho de estar en un grupo numeroso resguarda a cada uno de los participantes y les permite formular sus aportaciones a la conversación de manera más relajada. Si por el contrario queremos conocer mediante grupos las opiniones de las madres sobre la asistencia hospitalaria durante el parto, por ejemplo, será preferible que los grupos sean más reducidos, en la medida en que permitirá a cada una de las participantes plantear con detalle su propia experiencia, explicar sus preferencias y confrontar sus opiniones con el resto.  En un grupo más amplio, la imposibilidad de relatar la propia experiencia o de explicarse de manera suficiente, puede llevar a las participantes a un retraimiento generalizado y a una dinámica grupal muy desigual y anómala.


Las ventajas de los grupos reducidos que se han señalado hasta aquí justifican su uso, en concreto para determinados fines o en determinadas circunstancias. Ahora bien, en mi opinión la principal ventaja de este tipo de grupos es otra, a saber, que en ellos se propicia la producción grupal de un tipo de discurso peculiar. Este tipo de discurso característico de los grupos reducidos puede ser definido como un discurso grupal débil, en el que subsisten o persisten las huellas de las hablas individuales de las que procede, en mayor medida que en los discursos producidos en grupos más numerosos. Estas huellas se manifiestan, por ejemplo, en la mayor abundancia de las experiencias de los participantes, tanto personales como referidas, o en la menor fuerza relativa que en los discursos producidos en estas condiciones adquieren los tópicos sociales.


Conde (1993, 2010) plantea los grupos triangulares como un modo de abrir el campo discursivo a nuevas significaciones y nuevos sentidos, cuando los discursos sociales sobre un determinado tema han adquirido un grado alto de cristalización.  El grupo triangular es un espacio conversacional formado por tres participantes, por lo que puede considerarse un grupo reducido extremo o grupo mínimo. Los grupos triangulares propician un discurso grupal más débil y más personalizado porque generan una situación social característica. Por un lado, los participantes se hayan más expuestos personalmente, lo que se traduce en una mayor intimidad (Ruiz Ruiz, 2012); por otro lado, el peso o la fuerza del grupo no es tan grande como en los grupos más numerosos. Esto lleva a hablar del grupo triangular como una situación intermedia entre la situación de entrevista personal y la situación del grupo de discusión tradicional o canónico, o a referirse a ellos también como grupos “personalizados” (Ortí, 1993).


El grupo triangular genera un espacio que Conde denomina transicional, caracterizado por una tensión entre el yo de los participantes y un otro/ otros ausentes, lo que propicia a su vez una dinámica grupal más abierta y con ello un discurso más inestable o menos cristalizado, en comparación con el que nos proporcionan las entrevistas personales y los grupos de discusión tradicionales (2010: 164-165).


Además, el grupo triangular favorece la expresión de las experiencias personales de los participantes, porque da un mayor espacio a las hablas individuales y puede generar un clima de confianza mutua mayor (Ruiz Ruiz, 2012). Por esto, los grupos triangulares además de provocar esta apertura del campo discursivo, propician un tipo de dinámica grupal y de discurso muy útil para investigar temas cargados emocionalmente o cuando lo que interesa es esta carga emocional. Lo que aquí se sostiene es que estas características atribuidas por Conde a  los grupos triangulares pueden extenderse también a los grupos formados por cuatro o incluso cinco participantes, es decir, a todos los grupos reducidos. En definitiva, sería un asunto de grado, de manera que el campo discursivo se abre en mayor medida cuanto menor es el número de participantes en el grupo, pero esta apertura se produciría ya en los grupos formados por cinco participantes.


Algunos ejemplos extraídos de las transcripciones de grupos reducidos nos pueden ayudar a visualizar y comprender mejor las peculiaridades de los discursos producidos en este tipo de grupos. Entre 2010 y 2013 he tenido ocasión de participar en diversas investigaciones aplicadas realizadas por el IESA-CSIC en la que hemos utilizado grupos reducidos, lo que me ha proporcionado una amplia experiencia de investigación en relación con el uso de este tipo de grupos. El fragmento que se reproduce en el cuadro 1, corresponde a la transcripción de un grupo reducido al que se le plantea el tema del medio ambiente en su localidad, realizado en el marco de un estudio sobre la opinión en relación con una moratoria de pesca de la anguila en el Guadalquivir.  En concreto se trata de un grupo formado por cuatro personas no directamente afectados por dicha moratoria o de población general, dos hombres y dos mujeres, entre 35 y 50 años, con estudios medios y ocupados actualmente, todos ellos residentes en el municipio de Sanlúcar de Barrameda, en la desembocadura del Guadalquivir.

Cuadro 1.

Fragmento de transcripción de Grupo reducido sobre problemas ambientales

 

M2: En mi calle no hay contenedores para reciclar, solamente hay uno… (M1: ¿Ves, ves?)  …de éstos antiguos, viejos, verdes, grandes, donde todo el mundo… Y me da mucha pena. Entonces yo voy guardando botellas… (M1: ¿Ves?)  (H1: Tú eres de las que reciclas…) guardo botellas, guardo botellas y voy allí al lado de mi madre…tengo que meter el maletero lleno de botellas y echar…porque me da pena. Y luego, el aceite de la freidora sí contacté con una empresa y viene a recogerlo porque me da pena, digo, porque me da pena tirarlo.

M1: ¿Qué va, a tu casa, a tu casa?

M2: A mi casa, o la dejo en el ayuntamiento.

M1: Ajá. Es que antes había un Punto allí en el Cabo Noval…

M2: Y las pilas igual. Yo tengo un contenedor pequeñito de pilas y cuando está lleno lo dejo en Medio Ambiente.

H1: ¿Y por una pila vas a…?

M2: Una pila…tú no puedes tirar una pila…es una pena.

M1: Contaminan mucho.

H1: Si la gente se mentalizaran de esas cosas.

M2: Pero espera tú…, por una parte, ellos no tienen mucho personal para trabajar y para desplazarse. (H1: No tienen medios, exactamente) No tienen medios. Y aparte como está el tema de la economía. Tampoco para contratar a educadores, para llevarlos a un colegio, para yo qué sé… Incluso las asociaciones de mujeres, yo qué sé, en cualquier sitio podía…pero por otro lado también nosotros nos tenemos que mover, porque yo me enteré del contenedor pequeñito de pilas y fui corriendo. Y luego estaban repartiendo también unas cajas grandes de cartón para reciclar papel y yo llevé dos al colegio de mi hijo.

H1: Pero esas cajas después las recogen en…


Inicialmente el tema se centra en las razones para adoptar o no comportamientos respetuosos con el medio ambiente y más concretamente en los condicionantes de la separación selectiva de residuos domésticos, a lo que se refieren coloquialmente como reciclar. Uno de los participantes (H1) había señalado al principio de la reunión que no recicla o que no lo hace tanto como debería, porque no encuentra facilidades para hacerlo. La incomodidad y las incertidumbres acerca de los comportamientos correctos le llevarían a limitar su compromiso con el reciclaje, aunque lo considere una práctica ciudadana positiva y necesaria.  Más tarde otra participante (M2) retoma el tema para incidir en su propia práctica, contraria a la expresada por H1: ella recicla pese a las dificultades e incomodidades que encuentra. El conflicto latente entre una y otra postura se resuelve apelando a un tercero genérico: la gente que no tiene suficiente conciencia ambiental, por lo que es necesario que los poderes públicos se la proporcione mediante la educación.


Vemos, por tanto, cómo los discursos se centran en buena medida en las propias experiencias, ya sean éstas personales o referidas, y cómo estas suelen generar tensiones en la medida en que conllevan expresar opiniones con un fuerte compromiso o implicación personal. El recurso a otro ausente permite en cierta medida mantener el grupo, esto es, continuar la conversación pese a los conflictos o tensiones latentes. Más que la formulación de un consenso grupal en términos de nosotros, se busca salvar la propia situación trasladando la tensión fuera del grupo: la formulación de un consenso en torno a la gente que necesita más educación ambiental. Aunque no se compartan las prácticas de reciclaje, el compromiso ambiental, se comparte la preocupación por el medioambiente y la valoración positiva de estas prácticas. La referencia a otros que no tendrían esta preocupación permite mantener la cohesión grupal, si quiere muy frágil, en torno a aquello que se comparte (la preocupación) y salvando lo que separa (el grado de compromiso).


Lo que me interesa resaltar aquí es que el carácter reducido del grupo propicia esta emergencia en su discurso de las experiencias personales de los participantes, haciendo aflorar los conflictos latentes y obligándoles así, en cierto sentido, a reconstruir los consensos. En una situación de grupo más amplio, el consenso en torno a la preocupación ambiental compartida se habría formulado y aceptado de manera más inmediata, mostrando en mucha menor medida los conflictos y tensiones subyacentes. Como decía antes, estas diferencias entre los discursos producidos en función del número de participantes en los grupos es una cuestión de grado. En los grupos más numerosos los participantes también aluden a sus experiencias, tanto personales como referidas, y también se encuentran referencias a otros ausentes en el grupo, como una estrategia para buscar consensos sin necesidad de formular un nosotros inclusivo. Pero unas y otras son más frecuentes o más probables en los grupos reducidos, poniendo de esta manera de manifiesto las tensiones subyacentes a los consensos alcanzados y mostrando de manera más clara los mecanismos discursivos para alcanzar consensos.


4. Cómo afrontar las dificultades técnicas características de los grupos reducidos


Antes veíamos las limitaciones y dificultades técnicas que plantean los grupos reducidos. Si queremos utilizarlos de manera rigurosa y solvente, debemos antes abordarlas y buscar el modo de evitarlas o, al menos, reducirlas o minimizarlas.


Ahora bien, los problemas o limitaciones señaladas en relación con la supuesta pérdida de calidad de la información que se obtiene con los grupos reducidos, siempre en comparación con la que nos ofrecen los grupos más numerosos, se ven relativizados por las ventajas señaladas. En efecto, que los grupos reducidos aporten una menor cantidad o diversidad de las opiniones y puntos de vista sostenidos por los participantes y que éstos tengan un perfil social necesariamente más concreto o especifico, no supone necesariamente una menor calidad de la información que proporcionan. Por el contrario, para algunos propósitos la información que proporcionan es sustancialmente mejor. Por ejemplo, esto es así para la investigación de temas cargados emocionalmente, o en los que los participantes tienen un conocimiento e implicación especial, o cuando interesan sentidos emergentes frente a los tópicos sociales respecto de una determinada cuestión, entre otros. Podemos concluir, por lo tanto, que respecto de la calidad de la información que proporcionan, la decisión de realizar grupos más o menos numerosos dependerá en buena medida de los propósitos o los objetivos perseguidos en la investigación.


Más graves parecen en principio los problemas señalados en relación con la dinámica o funcionamiento característica de los grupos pequeños. En efecto, antes veíamos que la situación social generada en los grupos pequeños puede ser caracterizada como inestable, precaria o frágil. Esta fragilidad de la situación se pone de manifiesto desde la propia constitución o formación del grupo. Así, las incomparecencias a la convocatoria de la reunión tienen una importancia o repercusión en la formación del grupo mayor en los grupos reducidos. Esta repercusión de las incomparecencias sobrevenidas de uno o varios de los participantes convocados, llega incluso a amenazar la propia posibilidad de formación del grupo en aquellos extremadamente pequeños. Si se convoca a sólo tres participantes, el hecho de que falte uno sólo de ellos impide la propia formación del grupo. Por esta razón, aunque este tipo de grupos extremadamente reducidos tiene ventajas en relación con el tipo de discurso que propicia, deben ser evitados porque conllevan un riesgo excesivamente elevado de fracaso en su constitución. Es preferible convocar a cuatro o cinco participantes, de manera que el grupo pueda realizarse incluso cuando se produzcan incomparecencias sobrevenidas.


Se trataría en cierto sentido de una estrategia de sobre-reclutamiento en relación con una situación de grupo reducido ideal, que sería el formado por tres participantes o grupo triangular: Estrategia desarrollada para evitar en cierta medida esta fragilidad excesiva de la propia situación grupal en grupos extremadamente reducidos. Por supuesto, otras estrategias para evitar las incomparecencias están especialmente  indicadas en los grupos reducidos, tales como los recordatorios y confirmaciones cerca del momento de la reunión pero con margen para  realizar sustituciones, o contar con sustitutos que puedan ser convocados de urgencias en caso de necesidad. En cualquier caso, ya se hayan convocado a tres, cuatro o cinco participantes, lo aconsejable es que el grupo sea realizado con todos los participantes que efectivamente acudan a la cita, sin que se produzcan exclusiones de última hora para garantizar un número mínimo de participantes.


Pero la fragilidad de la situación grupal que se instituye en los grupos reducidos persiste una vez comenzada la dinámica. En efecto, en los grupos reducidos se requiere de todos participantes una alta implicación en la dinámica grupal, desde un primer momento y mantenida a lo largo de toda la reunión. Esta alta implicación requerida supone que los participantes en el grupo deben reconocerse como grupo desde un primer momento, de manera que el grupo se forme más rápidamente. Los retraimientos de alguno o varios de los participantes tienen unas consecuencias mucho más graves en los grupos reducidos que en los grupos  más numerosos, sobre todo en los primeros momentos.  Dicho de otro modo, la fase de tanteo y formación de grupo en los grupos reducidos conlleva riesgos mayores de disolución grupal que los que presentan los grupos más numerosos. Lógicamente, cuanto más reducido sea el grupo las consecuencias negativas de los retraimientos sobre la dinámica grupal son mayores. En este sentido, también son preferibles los grupos de cuatro o cinco participantes, sobre los formados únicamente por tres.


No obstante, también hay estrategias para reducir este riesgo que suponen los retraimientos de los participantes para la dinámica grupal, incluso en grupos extremadamente reducidos (Ruiz Ruiz, 2012). Así, como ya se apuntó anteriormente, en los grupos triangulares y en general en los grupos reducidos es aconsejable establecer en el diseño una mayor homogeneidad o similitud en cuanto al perfil de los participantes. O, dicho en negativo, los grupos reducidos admiten una menor heterogeneidad o diversidad entre sus participantes, en la medida en que supone un mayor riesgo de no reconocimiento mutuo y, en consecuencia, de retraimientos de alguno o varios de ellos respecto de la dinámica grupal.


Además de esta mayor homogeneidad grupal, otra estrategia para propiciar la formación e identificación del grupo y evitar así los riesgos de retraimiento y disolución, es desarrollar un tipo de conducción más activa. El moderador en los grupos pequeños puede propiciar una mayor identificación grupal entre los participantes acentuando sus propios elementos diferenciadores respecto del grupo, vale decir su carácter de extraño. De esta manera se resaltan a modo de espejo las similitudes existentes entre los participantes y se potencia así su identificación grupal frente al moderador. Esto supone que el papel del moderador en los grupos reducidos debe ser algo diferente a la que adopta en los grupos de discusión canónicos o más numerosos, de cara a garantizar su correcto funcionamiento o incluso su propio mantenimiento. En el grupo de discusión canónicos o numerosos el moderador debe permanecer al margen del grupo, limitando al máximo sus intervenciones y procurando que éstas sean lo más neutras posible, para propiciar la constitución autónoma del grupo en torno a su propia producción discursiva. Esta moderación no-directiva (Canales y Peinado, 1999; Domínguez y Dávila, 2008) característica del grupo de discusión canónico es importante, sobre todo, en los primeros momentos, cuando el grupo se está formando, de manera que se puede ir relajando progresivamente y admitiendo una creciente intervención del moderador para introducir temas o para retomar aquellos que considere que el grupo no ha desarrollado suficientemente. En el grupo triangular la dinámica grupal y la intervención del moderador en la misma sigue una evolución inversa. Al comienzo de la reunión y hasta bien avanzada la misma tiene que intervenir con frecuencia para provocar cohesión del grupo con sus intervenciones, y sólo hacia el final de la reunión, si el grupo se ha constituido de manera sólida, puede desaparecer relativamente, dejando que el grupo se desarrolle de manera más autónoma por sus participantes.


Este tipo de moderación que en otro lugar he denominado provocadora (Ruiz Ruiz, 2012), valga la aparente contradicción, supone una intervención más frecuente del moderador pero en ningún caso un papel más directivo. La moderación sigue siendo poco directiva al igual que en los grupos de discusión más numerosos, pero el moderador interviene más y lo hace de manera provocativa, suscitando la identificación de los participantes en el grupo frente al propio moderador. Esta provocación del moderador para potenciar la cohesión del grupo o la identificación entre sus participantes, puede adoptar en ocasiones una forma agresiva: por ejemplo, cuestionando los argumentos expresados en el grupo o introduciendo argumentos contrarios de manera que se suscite una reacción defensiva. Pero también la provocación del moderador puede adoptar formas más amables, como puede ser un sutil cambio de tema evitando aquellos que pueden ser más potencialmente conflictivos entre los participantes, o  legitimar de manera más o menos indirecta las alusiones críticas a un tercero ausente frente al que el grupo pueda cohesionarse.


Encontramos algunos ejemplos de esta moderación provocadora característica de los grupos reducidos en los grupos realizados en zonas rurales sobre el tema de la ciencia, dentro de una evaluación inicial de la iniciativa de divulgación científica Ciudad-Ciencia. En principio, el tema de la ciencia resultó muy extraño a los participantes en los grupos, lo que determinó unos inicios de las reuniones muy dubitativos y difíciles, con intervenciones muy escuetas y tentativas, jalonadas por silencios relativamente prolongados. La competencia limitada que perciben en ellos mismos para hablar sobre un tema tan aparentemente complejo, se une al hecho de que el mismo moderador puede ser percibido como un experto en el tema que propone para conversar. En efecto, el moderador se presentó como trabajador del CSIC y como sociólogo, esto es, confirma su condición de científico, si bien de una ciencia social, no tan dura como las ciencias naturales.


La formación del grupo se veía así amenazada por un retraimiento generalizado de los participantes, ante lo que percibían como una incompetencia personal para abordar el tema que se les propuso a conversación. La estrategia del moderador en este caso fue no reforzar a los participantes que mostraban un mayor conocimiento sobre el tema, lo que podría haber terminado de retraer al resto, sino reformular paulatinamente el tema a los términos de la competencia discursiva de todos los participantes. Así, progresivamente se enfatiza en las preguntas por los propios intereses o inquietudes de los participantes en relación con la ciencia. De esta manera se legitima discursivamente el relativo desconocimiento sobre las cuestiones que se plantean. Dejar hablar a los que más saben sobre el tema habría sido una estrategia poco productiva para los grupos y, seguramente, habría supuesto en mayor o menor medida su disolución o, al menos, su desarrollo excesivamente desigual. Enfatizar las diferencias entre el moderador (que sabe mucho) y los participantes (que no saben tanto, pero cuyos conocimientos son los que interesan) fue una estrategia mucho más fructífera en orden a lograr una dinámica grupal más productiva discursivamente hablando.


Mediante esta moderación provocadora se consigue superar progresivamente las inseguridades iniciales de los participantes, rebajando la dificultad de los temas a abordar. Con ello se hace más accesible el tema a los participantes, se legitima su discurso, lo que saben sobre el tema, y a la vez se pone de manifiesto la posición relativamente simétrica de los participantes ante el tema a discutir, esto es, que todos son más o menos profanos sobre el mismo. De esta manera se propicia una mayor cohesión grupal y una mayor fluidez en la dinámica conversacional.

Cuadro 2.

Fragmento de transcripción de Grupo reducido con mujeres de mediana edad sobre percepción de la ciencia entre la población rural

 

CUANDO PENSAMOS EN LA CIENCIA SE NOS OCURRE LA MEDICINA, LA INVESTIGACIÓN BIOMÉDICA… ¿OTRAS CIENCIAS TAMBIÉN…? ¿QUÉ OTRAS CIENCIAS?

M2: Ehhh… Yo creo que lo que más es eso, relacionado con la salud. Pienso yo. Porque es lo que más nos afecta. Hombre, a lo mejor pues algo del agua, lo de las energías renovables también, que está muy de moda ahora, el sol, los molinos de viento, tal… Nosotros tenemos, aunque sean de otro tipo… Entonces… Pero… yo casi… Bueno, pienso yo, más relacionado con la salud.

AJÁ

M3: Quizá cuando pensemos en ciencia pensemos en eso, pero claro, hay tanto… Yo tuve… Bueno, mi hija el primer año que hizo… empezó a hacer la carrera de Biotecnología, con lo cual tampoco sabíamos de lo que iba la Biotecnología  y tampoco lo entendemos demasiado. Pero claro, ella empezó a decir que se tenía que meter en un laboratorio a investigar y dejó la carrera y se fue… No porque le fuera mal, sino porque no…

M1: No le llenaba…

M2: Claro.

M3: En principio pensó que era otra cosa y luego vio que era otra… Y a mí me parecía súper interesante también.

M2: Pero hay que valer, claro.

M3: No, hay que valer y también yo creo que la ciencia luego también te puede… hacer como un jaleo en la cabeza. O sea, lo que tú pienses con lo que en realidad estás investigando y con lo que pueda pasar en el futuro. O sea, que por ejemplo, a la hora de… lo de las células madre, lo de determinadas cosas que son súper interesantes pero que a lo mejor luego te llevan por un camino que tú… tu pensamiento religioso…

M1: Te puede complicar la vida

M3: …ético o cristiano… te puede complicar la vida también. Pienso yo, que sea así…

PROBLEMAS ÉTICOS O…

M3: Problemas éticos por ejemplo. Yo no sé si mi hija a lo mejor se planteó eso también. O sea, es que yo no sé…

M1: Es que yo creo que eso de estar metida en un laboratorio,  no a todo el mundo le va. No es…

M3: Hombre, era… Yo le dije: date cuenta Esther que esto vas a tener muchísimas más…

M1: Claro, muchas salidas

M3: …más cosas, y muchas salidas a las que…  Entonces, cuando ella empezó. Ahora ya como está tan… tan así tan… Meterse en una empresa a investigar… Yo creo que los departamentos de las empresas… de investigación será lo último. Pienso yo, no sé.


El fragmento de conversación que se presenta en el Cuadro 2 muestra un momento inicial de un grupo reducido formado por tres mujeres de mediana edad, entre 31 y 50 años, de uno de los municipios en los que se desarrolló la iniciativa Ciudad-Ciencia. En principio, estaban convocadas cuatro mujeres, pero la incomparecencia de una ella hizo que el grupo se formara en estas condiciones extremadamente reducidas, esto es, como un grupo triangular. Al inicio la conversación se había desarrollado de manera muy tensa, mostrando las participantes una cierta extrañeza hacia el tema que se les proponía y una clara inseguridad para desarrollarlo. Una de las participantes, no obstante, aborda la cuestión haciendo referencia a los avances médicos, partiendo de algunas experiencias personales. En cierta medida, consigue romper el hielo que supone comenzar la conversación, pero no es secundada por el resto del grupo, en buena medida porque esta participante exhibe un conocimiento muy específico sobre los temas que aborda. En este punto, ante la amenaza de que esta participante acaparara la conversación, el moderador optó por intervenir intentando abrir la conversación a otros temas en los que pudieran participar todas. Esto permite a otras participantes comenzar a intervenir desde sus propias experiencias personales. Pero, sobre todo, el moderador da la pauta de que se requiere esta visión personal del tema y que todas las participantes tienen una posición similar ante el mismo, esto es, que todas tienen una visión personal que aportar. La provocación, en este caso, consistió en limitar el uso de la palabra a la participante más activa del grupo, propiciando un cambio de tema más asequible para el resto. El moderador consigue así abrir la conversación a todas las participantes, reduciendo el carácter técnico percibido en el tratamiento requerido del tema.


Otro ejemplo de esta moderación provocadora lo encontramos en el grupo realizado con estudiantes universitarios dentro de este mismo estudio. En este caso la estrategia de provocación fue más directa. Las dificultades iniciales para conversar sobre la ciencia resultaban más extraña que en otros grupos, ya que a estos jóvenes se les supone una mayor competencia discursiva sobre este tema. Por esto se optó por cuestionar directamente su interés por la ciencia, mostrando el moderador su extrañeza de manera provocativa. Ante esta provocación, los participantes, dos chicos y una chica, señalan que su interés por dedicarse a la ciencia es limitado, porque no perciben esta dedicación como una alternativa laboral atractiva. Su dedicación a los estudios hizo que interpretasen la ciencia como tema de conversación en términos de opción laboral, en lugar de como un interés profano. Dicho de otro modo, saben más del tema que se les propone para la conversación, pero lo que saben no lo consideran interesante como tema de conversación. Esta relativa confusión bloqueó la dinámica grupal en los primeros momentos y amenazó incluso con romperla, ante una incomodidad manifiesta y creciente de los participantes para conversar sobre el tema que se les proponía. Mediante el cuestionamiento del interés por la ciencia que se le supone a los universitarios, el moderador consiguió desbloquear esta situación y posibilitó la formación del grupo en torno a una identificación entre sus participantes en torno al tema de la ciencia como alternativa laboral. En el cuadro 3 se reproduce el momento en el que el moderador introduce este elemento de provocación en la conversación.

Cuadro 3.

Fragmento de transcripción de Grupo reducido con estudiantes universitarios sobre percepción de la ciencia entre la población rural

 

¿OS INTERESA LA CIENCIA, ES ALGO QUE FORMA PARTE DE VUESTRA VIDA COTIDIANA O…?

H2: Hombre, en mi opinión sí que creo que nos interesa a todos la ciencia, lo que pasa es que son… Es… un poco una actitud un poco comodona, digamos, de: bueno, que la hagan otros. En mi opinión. Yo… claro, sí. Claro que me interesa la ciencia por lo que estamos diciendo, por los grandes avances, las investigaciones, los descubrimientos que se puedan tener… Pero sí que por otra parte yo no me pongo a investigar. Yo no soy de decir bueno, voy a investigar o voy a descubrir cualquier cosa, voy a… ¿por qué esto es así?, voy a sacar… preguntas, voy a sacar preguntas y voy a sacar las respuestas… Creo que es una actitud un tanto cómoda como decía antes, al principio. Que lo hagan otros, que me… que investiguen otros y que me lo descubran otros.

M: O eso es también porque no nos gusta. (H2: También) No nos gusta. Porque yo también opino lo mismo que tú. O sea, una actitud cómoda y que lo hagan otros y que… los beneficios… nos aprovechemos todos.

H1: Claro. Pero también porque no hay posibilidades tampoco. Porque a lo mejor a ti sí que te gustaría investigar ciertas cosas… Yo por ejemplo, me encantaría haber hecho en mi vida Historia, ser licenciado en Historia y haber investigado ciertas cosas de Historia. Pero yo sé que no había ni una sola salida para la Historia. (M: Ajá) Con lo cual, yo hice Empresas y digo… bueno… Entonces una comodidad…

M: Miramos también como… nuestro futuro.

H2: También.

M: Que va a ser lo… o que creemos que va a ser lo mejor para nosotros. Para nuestro futuro.

AJÁ. (Silencio de cinco segundos) ¿PARA DEDICAROS LABORALMENTE HABLÁIS, NO?, ¿PARA…?

M: Ajá.

H2: Claro.

M: Sí. Yo creo además…

H2: Y sobre todo el trabajo en… de un investigador, muchas veces no está valorado. Porque lo hemos visto… yo por lo menos lo he visto en la universidad. Que cuando ves a un profesor que sólo da clases un trimestre y el otro trimestre dices tú: se está tocando la flauta…

H1: ¿A qué se dedica?

H2: Y no es verdad, está investigando, haciendo su tesis o haciendo lo que…


5. Conclusiones


Los grupos reducidos se vienen utilizando en la investigación social desde hace décadas.  Sin embargo, este uso es relativamente poco frecuente: los problemas y dificultades metodológicas que conllevan los grupos formados por pocos participantes, hace que haya una preferencia muy extendida entre los investigadores sociales por los grupos más numerosos, esto es, formados por al menos seis participantes.


En esta comunicación he examinado los inconvenientes que se atribuyen a los grupos reducidos. Algunos de ellos más que inconvenientes serían características peculiares de las dinámicas grupales y del tipo de discurso que propician. Más que impedimentos para su uso en la investigación social, se trataría, por lo tanto, de unas características específicas que hacen aconsejable su uso en determinadas condiciones o circunstancias y para determinados propósitos. Así, se ha puesto de manifiesto que los grupos reducidos son preferibles cuando los participantes tienen un amplio conocimiento o están muy implicados en el tema de conversación; o cuando lo que interesa a la investigación son los discursos más emergentes o menos cristalizados, y no tanto los tópicos sociales sobre una determinada cuestión.


Otros problemas que plantean los grupos reducidos pueden evitarse o, al menos, paliarse mediante prescripciones técnicas específicas. Así, la fragilidad o precariedad de la situación grupal en este tipo de grupos, aconseja extremar las estrategias de confirmación y sustitución de los participantes, para evitar o suplir incomparecencias de última hora. También es preciso favorecer la formación del grupo en la conversación, mediante estrategias de moderación provocadoras que propicien la identificación entre los participantes, enfrentándoles intencionalmente a la figura del moderador. 

CUADRO 4.

Características de los grupos de discusión reducidos

(mini focus group, grupos triangulares)

 

 

Ventajas

Aplicaciones o indicaciones

Inconvenientes o problemas

Prescripciones técnicas


1) Menos costoso, más fáciles de organizar, más económico…

2) Posibilidad de realizar grupos con perfiles  difíciles de reunir o en contextos poco propicios para la reunión

3) Más posibilidades de expresión de la propia opinión: más tiempo disponible para la expresión de la propia opinión para cada participante 4) Propicia la emergencia de un tipo de discurso específico: discurso intermedio o híbrido entre los social y lo individual. Producto de la confrontación entre las experiencias (particulares o referidas) de los participantes, y entre éstas y los tópicos sociales

5) Mayor presencia en los discursos de las experiencias de los participantes en las conversaciones.


1) Cuando hay pocos recursos humanos, económicos, de tiempo…

2) Cuando hay que trabajar con colectivos o en contextos que hacen difícil las reuniones numerosas

3) Cuestiones en los que los participantes tienen un amplio conocimiento (expertos) y/o una fuerte implicación personal

4) Estudio de la opinión/ actitudes sociales muy cristalizadas (en cuestiones los que hay amplios consensos en torno a tópicos sociales). Permite explorar las opiniones y actitudes emergentes, divergentes, etcétera…

5) Cuestiones en los que hay un fuerte componente emocional  (o cuando interesa especialmente indagar en este componente emocional)


1) Menor diversidad de perfiles de los participantes y, en consecuencia, de opiniones o puntos de vista diferentes…  Menor contraste de opiniones dentro de los grupos

2) Menos perfiles sociales representados en el grupo; carácter más concreto o particular del perfil del grupo: mayor concreción o particularidad de los grupos respecto de la traslación/ interpretación de su discurso; carácter más específico de los discursos producidos en relación con interpretación 

3) Fragilidad, precariedad de la situación social establecida. Riesgo de ruptura de la dinámica grupal por incomparecencias o por escasa o insuficiente implicación en la conversación de alguno de los participantes


1) Sobre-reclutamiento respecto del ideal de tres  participantes. Extremar estrategias de sustitución ante incomparecencias sobrevenidas.

2) Mayor homogeneidad o similitud de las características de los participantes.

3) Moderación más activa y provocativa (pero no más directiva)


Sin duda, es más fácil reunir a un número menor de participantes, pero esta no es la única ni la principal ventaja que presentan los grupos reducidos. Sostengo, por el contrario, que este tipo de grupos constituye un recurso técnico muy útil para determinados propósitos, y que las dificultades técnicas que plantea pueden superarse mediante estrategias de captación y de moderación relativamente sencillas.


En el cuadro 4 resumo de manera esquemática las características de los grupos reducidos que he señalado, reflejando las ventajas que presenta, las aplicaciones o indicaciones para su uso, los inconvenientes o problemas que plantea y, por último, las prescripciones técnicas para intentar evitar o minimizar estos inconvenientes.


Referencias bibliográficas


Alonso, L.E. (1996): "El grupo de discusión en su práctica: memoria social, intertextualidad y acción comunicativa", Revista Internacional de Sociología, nº 13, pp. 5-36.


Conde. F. (1993): Los métodos extensivos e intensivos de la investigación social de las drogodependencias. En VV.AA. Las drogodependencías: perspectivas sociológicas actuales, Madrid: Colegio Nacional de Doctores y Licenciados en Ciencias Políticas y Sociología, pp. 203-230.


Conde. F. (2008): "Los grupos triangulares como espacios transaccionales para la producción discursiva: un estudio sobre la vivienda en Huelva", en Gordo López, A. J. y Serrano Pascual, A., Estrategias y prácticas cualitativas de investigación social, Madrid: Pearson, pp. 155-188.


Greenbaum, T. L. (1998): The handbook for focus group research, CA: Sage.


Hennink, M. M. (2007): International Focus Group Research: A Handbook for the Health and Social Sciences, Cambridge: Cambridge University Press.


Ibáñez, J. (1979): Más allá de la sociología. El grupo de discusión: técnica y crítica, Madrid: Siglo XXI, 1986, segunda edición corregida.


Krueger, R.K. (1991): El grupo de discusión. Guía práctica para la investigación aplicada, Madrid: Ediciones Pirámide.


Morgan, D. L.  (1996): Focus Groups Annual Review of Sociology, Vol. 22 , pp. 129-152.


Morgan, D. L.  (1997): Focus group as qualitative research. Thousand Oaks, CA: Sage.


Morgan, D.L., Ataie, J., Carder, P. y Hoffman, K. (2013): "Introducing Dyadic Interviews as a Method for Collecting Qualitative Data", Qualitative Health Research 23(9), pp. 1276–1284.


Onwuegbuzie, A.J.; Leech, N.L.; Dickinson, W.B. y Zoran, A.G. (2009): "Toward more rigor in focus group research: A new framework for collecting and analyzing focus group data", International Journal of Qualitative Methods, 8(3), pp. 1-21.


Orti, A. (1993): "El proceso de investigación de la conducta como proceso integral: complementariedad de las técnicas cuantitativas y de las prácticas cualitativas en el análisis de las drogodependencias", en VV.AA., Las drogodependencías: perspectivas sociológicas actuales, Madrid: Colegio Nacional de Doctores y Licenciados en Ciencias Políticas y Sociología, pp. 149-202.


Ruiz Ruiz, J. (2012): "El grupo triangular: reflexiones metodológicas en torno a dos experiencias de investigación", EMPIRIA. Revista de Metodología de Ciencias Sociales núm. 24, pp. 141-162.


Stewart, D. W. Shamdasani P.N. & Rook, D. (2007): Focus groups: Theory and practice, London, Sage.


Toner, J. (2009): "Small is not too small. Reflections Concerning the Validity of Very Small Focus Groups (VSFGs)", Qualitative Social Work, 8 (2), pp. 179-192.


Valles, M. S. & Baer, A. (2005): "Investigación Social Cualitativa en España: presente, pasado y futuro. Un retrato", Forum: Qualitative Social Research (FQS), Vol. 6, nº.3.



Te invitamos a comentar y participar de esta discusión. Todo comentario que atente contra los derechos humanos y se centre en la grosería para descalificar no será admitido en el presente espacio de debate ciudadano.

Escribir comentario

Comentarios: 0