Lengcom 9.1 (2015). ISSN 2386-7477


Una aproximación a la construcción discursiva de la noción “trabajo” en la Mérida de cambios de siglo


An approach to the discursive construction of the notion “trabajo” in Mérida in the turn of the century


Dr. Anderzon Medina Roa

Universidad de Los Andes, Mérida-Venezuela

anderzon@ula.ve 


1. Introducción

Lengua y cultura, lengua y sociedad son fragmentos de un mismo andar humano que necesariamente han de considerarse como tal al momento de abordar fenómenos semióticos para comprenderlos y decir algo desde y acerca de ellos. Construcción de identidad, descripción de realidades, comprensión de eventos únicos y de eventos concatenados en una sociedad determinada, en un momento histórico en particular o a través de un período histórico, o varios, son ejercicios que, conscientes de ello o no, al igual que tantos otros, hacemos en tanto que significamos y que logramos entender lo que otros significan. La lengua, como herramienta para significar, es nuestra puerta de entrada y nuestra sala de exhibición de aquello que pensamos, creemos, entendemos para poder vivir como los seres gregarios que somos.


Visto así, lengua y cultura se presentan como inconmensurables al entendimiento individual y, sin embargo, son lengua y cultura las que nos hacen individuos y es a través de ellas que nos hacemos de esa individualidad paradójica que nos hace parte de un todo orgánico que nos moldea y que ayudamos a moldear. Desde tal perspectiva, lo que pensamos es único y subjetivo siempre y cuando seamos parte de un todo que nos diga qué pensar, que nos dé un marco para construir discursivamente nuestra realidad en mayor o menor armonía con la de nuestros congéneres. Tales construcciones, argumentamos aquí, no han de ser grandilocuentes en esencia, sino que más bien parten de simples ideas, nociones con las que lidiamos y moldeamos la cotidianidad; sistemas de valores, creencias y convicciones con los que establecemos lo que somos y lo que queremos ser. Estos sistemas tendrán, como todo, forma y sustancia, significados que entendemos y expresamos en y a través de símbolos y estructuras al mundo que implican desde, digamos, las convicciones teóricas con las que armamos nuestra versión de comprensión de saberes hasta la ética (o su ausencia) con la que enfrentamos las cotidianas decisiones sobre qué, a quién y cómo aplicar las reglas del ser y el deber ser social e institucionalmente establecido.

Partiendo de tal esbozo de socialización, este texto busca describir la construcción de la noción “trabajo” en muestras de habla cotidiana de cuatro habitantes de la ciudad de Mérida en los Andes venezolanos. Queda claro desde el principio que en ningún momento se busca generalizar cómo es que esta noción es concebida y construida por todos los habitantes de una región, de una ciudad. No obstante, como ya se ha argumentado, en tanto que individuos, aquello que pensamos, creemos, construimos no está desconectado del todo social que nos envuelve. En tal sentido, aquello que un individuo o un grupo de individuos construya respecto a un aspecto de su vida diaria siempre será una ventana a través de la cual podrán avistarse aspectos relevantes de la sociedad en la que habita. El gran reto es, entonces, lograr establecer una lectura (en un sentido amplio) de eso que entendemos en el uso cotidiano de la lengua respecto a la cultura en que dicho uso cotidiano de la lengua se hace. Una lectura lo suficientemente estable, adecuada y rigurosa tanto teórica como metodológicamente.


2. Aparataje teórico

Para llevar a cabo la tarea planteada ha sido imperante tomar una aproximación teórica y metodológica en la que formas y significados sean tomadas como tales en tanto que se utilicen en un momento dado, por un individuo dado. Es por esto que aproximarnos a la lengua en uso y el estudio de ese uso en un contexto en particular son los parámetros principales que enmarcan el presente estudio. De esta forma, se busca trascender los agotados modelos universalistas y axiomáticos en las teorías del lenguaje que desestiman la conexión entre lengua, cultura e historia (cf. Espar, 2006), con lo que, en alguna medida, cambia igualmente la manera en que se concibe el objeto de estudio, la lengua. Es decir, “al lenguaje como significación le sucede entonces el lenguaje como comunicación” (Espar, 2006: 348).


Esta otra forma de aproximación permite además abordar la lengua como un medio para describir fenómenos sociales que se sustentan sobre los significados que conjugamos en las formas que nos proveen los sistemas lingüísticos. Es decir, no se dejan de lado las formas y su importancia, pues es a través de éstas que logramos comunicarnos y más importante aún, son las formas y estructuras de un texto las que nos dan un punto de anclaje para analizar lengua en uso. Uso que se da, como sabemos, en un contexto, en una cultura que “está íntimamente ligada al lenguaje, porque del decir depende la representación que se tiene de la vida y de los elementos que se utilizan para la vida, para la transmisión de conocimientos y de tradiciones, para la elaboración de todo lo que nos rodea en la vida terrena” (Álvarez, 2007: 19).


Un todo que nos rodea y que está en constante configuración y reconfiguración por parte de los individuos que conforman esa vida terrena. Ahora bien, esa configuración y reconfiguración la hacemos a través de representaciones, nociones, ideas que codificamos, aunque no exclusivamente, en formas lingüísticas, las que a su vez combinamos en textos, con los que participamos de discursos, todos enmarcados en un contexto cultural.


Se hace necesario ahora aclarar cómo es que las nociones texto y discurso, hasta hace poco utilizadas indistintamente, son tomadas en este ejercicio de análisis. Una forma usual de diferenciarlos es tomar al texto como producto y al discurso como proceso, donde el primero es la materia con la que trabaja el lingüista y el segundo es “el proceso pragmático de negociación de sentido” (Widdowson, 2004: 8, traducción propia)[1].


Aún cuando no tenemos objeción en tomar al texto, o los textos, como los objetos materiales (orales o escritos, en principio) de que se vale el lingüista para sus análisis, la noción de discurso asumida aquí no lo aleja de ser producto en sí mismo. Esto, pues tomamos discurso como meta-sistema de significados cultural, social e históricamente anclados, útiles y utilizados por una sociedad para organizar aquello con lo que, en los diversos aspectos de la vida cotidiana, sus miembros construyen sus realidades comunes e individuales. Así, hablamos de discursos, en plural. Es con estos discursos con los que crecemos, creemos y nos formamos como miembros de un conglomerado mayor al que pertenecemos; es con los textos que participamos de esos discursos y con los que configuramos los mensajes para comunicarnos. Así, ambos son productos, íntimamente relacionados entre sí y con los contextos en los que utilizamos dichos productos, formando una tríada para la comunicación.


Por otra parte, si asumimos con Fairclough (2001) que los seres humanos somos seres semióticos, podemos igualmente dar un paso más allá y decir que esos significados que comunicamos  pueden entenderse y abordarse, desde una perspectiva amplia e incluyente, considerando la triple línea de significados propuesta por la lingüística sistémico-funcional (LSF) (cf. Halliday y Matthiessen, 2004). Esta triple línea configura significados ideativos, interpersonales y textuales, con los que se forma un patrón de significados que “atraviesan el lenguaje como un todo, y en aspectos fundamentales determinan la manera en que el lenguaje ha evolucionado” (Halliday y Matthessien, 2004: 60 traducción propia)[2]. Así, estos patrones de significados nos servirán para abordar y entender, desde su configuración, a través de los textos, elementos con los que un individuo (un grupo de individuos, una sociedad, una cultura) participa de y modifica los meta-sistemas de significados a través de los que interactuamos en nuestra realidad.


3. Herramientas y textos analizados

Esta triple línea de significado ha de entenderse en redes de relaciones para alcanzar su potencial de sentido en al menos un texto dado que participe de unos discursos en particular. Ahora bien, para poder abordar textos y analizarlos es preciso configurar métodos que aseguren tanto el rigor como la flexibilidad teórica del análisis. En tal sentido, para aproximarnos a un texto y ver alguno de los discursos de los cuales participa, será necesario al menos tomar en consideración:

  1. Las formas y estructuras en las que se codifica dicho texto, lo cual siempre será la línea que da soporte al análisis.
  2. El texto a ser abordado es producido en un contexto en particular, por lo que una posición respecto al contexto, su importancia y una forma de entenderlo y sistematizar su comprensión será crucial para el análisis.
  3. Al tomar las formas lingüísticas como medio para comunicar un sentido, el conocimiento de dichas estructuras y su funcionamiento en el sistema lingüístico no será suficiente para el análisis, al igual que no lo será la comprensión del contexto inmediato en el que se producen dichas formas. Por lo tanto, es siempre útil tener a mano conocimientos, saberes, lecturas desde otras disciplinas que aporten al mejor entendimiento del mensaje comunicado en el texto abordado y su contextualización más allá de la inmediatez de su producción; dichas lecturas ayudarán en gran medida a comprender los discursos de los que los textos participan.

Más que una propuesta de metodología de análisis, estos tres elementos recién esbozados han servido como hoja de ruta para el análisis de los textos aquí seleccionados y la relación de los mismos (y los mensajes que llevan) con ciertos discursos en un contexto cultural dado. Así, la línea que da soporte refiere a todo aspecto léxico-gramatical y fonológico que sea capaz de comunicar algún aspecto significativamente relevante en el texto; en nuestro caso, por limitaciones teóricas y metodológicas, cualquier aspecto fonológico ha quedado fuera de la posibilidad de análisis, sin embargo, se reconoce el potencial de análisis que dichos aspectos pueden tener para estudios de este tipo en lingüística. En segundo lugar, el contexto se aborda aquí siguiendo los elementos campo, tenor y modo propuestos en la LSF (cf. Halliday y Hasan, 1989; Halliday y Matthessien, 2004). Finalmente, dadas las posibilidades teóricas y metodológicas propias a la investigación que da como resultado el presente ejercicio de análisis, se han utilizado herramientas teóricas de la historia de Mérida y de la geografía humana para enriquecer la lectura hecha aquí a los textos abordados y su relación a discursos anclados en la sociedad merideña de finales del siglo XX e inicios del XXI.


Para este estudio se abordaron cuatro entrevistas pertenecientes a dos corpus sociolingüísticos distintos recolectados en una misma ciudad, con una diferencia de alrededor de veinte años: el Corpus Sociolingüístico de Mérida (recolectado a inicios de los 90) y el capítulo Mérida-Venezuela del Proyecto para el Estudio Sociolingüístico del Español de España y América (PRESEEA-MEVE) (recolectado entre 2009 y 2010)[3]; de cada corpus se tomaron dos (2) entrevistas. La selección de estas entrevistas buscó, por una parte, que los informantes seleccionados tuvieran variables sociales similares en lo que respecta a grupo generacional y grado de instrucción; así tenemos dos pares de informantes con las siguientes características:

  • Informantes 1 y 2, de 33 y 34 años respectivamente, ambas graduadas universitarias con más de cinco años de experiencia laboral.
  • Informantes 3 y 4, de 23 y 24 años respectivamente, ambos graduados universitarios con menos de un año de experiencia laboral.

Los informantes 1 y 3 pertenecen al Corpus Sociolingüístico del Habla de Mérida (CSHM)[4] y los informantes 2 y 4 pertenecen al PRESEEA-MEVE[5]. Por otra parte, la condición esencial para considerar alguna entrevista para este análisis fue que en la conversación se hablara en torno a la noción “trabajo”. Puesto que lo que este ejercicio busca es aproximarse a la construcción discursiva de esta noción en la Mérida urbana, no se consideraron aquí informantes de la tercera edad, pues, dada la realidad socio-histórica de la región, es muy probable que hablantes de dicho grupo generacional, particularmente en el CSHM, guarden contacto cercano con una morfología de la ciudad y de la región que respondía a patrones rurales agro-productores. Además, la decisión de incluir sólo informantes con estudios universitarios culminados responde a una curiosidad de los responsables de la investigación, dado que Mérida ha sido una ciudad cuyo crecimiento desde la segunda mitad del siglo XX ha estado íntimamente vinculado a la Universidad de Los Andes. Mérida es la ciudad estudiantil de Venezuela por excelencia, y quizá dicha relación pueda añadir algún ingrediente a las nociones y discursos con los que la gente construye su cotidianidad.  

 

4. Los textos y sus contextos

Aunque para ser seleccionadas las entrevistas debían incluir en su desarrollo ideas, concepciones, posiciones en torno a “trabajo”, en ninguna de ellas el objetivo principal fue preguntar cuál es la concepción o valoración de dicha noción a los informantes, sino generar cuanta conversación espontánea fuera posible. Es así como en algunas entrevistas de ambos corpus hay conversaciones o fragmentos de la conversación en las que se habla de la noción “trabajo” y otras en las que no.


Pasemos ahora a ver lo que cada uno de los hablantes asocia a la noción “trabajo”. En cada uno se comienza por una descripción del contexto inmediato de la conversación, para luego derivar de cada conversación aquellos significados (ideativos, interpersonales o textuales) que se asocien a la noción aquí abordada.


4.1. Hablante 1

  • Campo: entrevista para recopilar información respecto a las costumbres y tradiciones de Mérida.
  • Tenor: los participantes en esta conversación son desconocidos, la entrevista se lleva a cabo en el lugar de trabajo de la informante, quien, se asume, está en control de la situación.
  • Modo: la conversación es un texto descriptivo que aborda varios temas sin ningún orden aparente, en el que la informante hace una presentación de sí misma, su trabajo, su clientela, su ciudad.

Esta informante es Ingeniero Civil, graduada en la Universidad de Los Andes, pero que luego de dos años de ejercicio profesional se dio cuenta de que su trabajo no era para nada creativo y decidió cambiar de campo laboral y aprender el oficio de diseño, confección y venta de ropa. Para ella el trabajo es más que el ejercicio de una profesión por un sueldo; así al describir su experiencia como ingeniero dice que

el trabajo era de campo, con los obreros, o sea, no sentía na... que era nada creativo ¿no?, y de paso no... ni siquiera era muy bien remunerado, porque es un trabajo de sueldo.

 

Asocia “trabajo” al ejercicio profesional remunerado; la remuneración es entonces parte de esta noción, la que además sirve para establecer, desde su perspectiva, al menos dos tipos de trabajo, el de sueldo, que no es bien remunerado y un trabajo que no sea de sueldo y, por oposición, mejor pagado. La mala remuneración de un trabajo de sueldo y su descontento por el tipo de labor realizada, la llevan a cambiar de rama laboral. Lo que nos lleva a su asociación a “trabajo” de una idea menos obvia: gusto. Leamos como sigue el extracto de la entrevista:


Entonces yo, antes de terminar los dos años de trabajo, me sentí muy mal ¿no? y quería, bueno, meterme a alguna actividad... o quería ser diseñadora de ropas, o un restorán así bien lindo ¿no?, bueno, y mi papá me ayudó, y entonces... me montó el taller, y empecé a hacer ropa, pero de verdad que... nunca me arrepiento, y es lo que me gusta, (…)

 

Aquí vemos que combina significados ideativos configurados a través de procesos mentales (sentir, querer, arrepentirse, gustar) y materiales (empezar) con los que establece una relación de gusto/disgusto con su noción de trabajo. Su ejercicio profesional como ingeniero no satisface ese gusto que logra, sin arrepentimientos hasta el momento de la entrevista, a través del diseño y venta de ropa.


Sin embargo no sólo es remuneración y gusto por la labor ejecutada lo que esta informante asocia a la noción “trabajo”, en el siguiente extracto vemos cómo se sirve, una vez más, de significados ideativos para traer una idea más a su construcción de “trabajo”:


y nunca aprendí eso, o sea, que nadie me lo explicó, en parte ha sido una autoescuela porque llevo mucho tiempo, yo voy a llevar nueve años en el taller, entonces he ido aprendiendo de mis propios errores (…)iba aprendiendo, iba aprendiendo y después... aprendí mejor... o sea, cuando empecé a viajar, y entonces veía... entendí la necesidad de trabajar para cada estilo, para cada edad, para cada tipo de persona, para tela, entonces me volví mucho más amplia yo también

 

Explicar, aprender, entender son procesos materiales que utiliza para mostrar de qué manera este oficio ha sido una “autoescuela” para ella. Al ser ingeniero de formación universitaria, las competencias y capacidades de una diseñadora no son parte de su formación profesional, sin embargo, su gusto por este oficio de diseñadora la han llevado por un aprendizaje no sólo procedimental (saber diseñar, confeccionar y vender ropa), sino que también le ha representado aprendizajes a nivel personal. Esto lo vemos en su uso del proceso conductual “volver(se)”, que implica un cambio, un encaminarse de un estado o forma de ser a otro, en este caso de más cerrada (se infiere) a “mucho más amplia” en cuestiones de gustos y diseños según cada tipo de cliente. Es entonces “trabajo” una noción que para esta hablante implica aprendizaje.


Finalmente, al explicarle a su interlocutora cómo es que aborda a sus clientes para saber qué es lo que les gusta y cómo diseñar y confeccionar un vestido, la informante admite que en ocasiones comete equivocaciones, errores en el diseño. Esto nos lleva a leer otra idea asociada a la noción “trabajo”. Leamos:


en el diseño, porque he interpretado mal a la persona, asumo toda la responsabilidad, o sea, que no... ya no es problema de costura, es problema de concepto, entonces me dicen "pero yo pensé que me iba a ver mejor...", cuando yo siento que el error está en mí, yo asumo eso y agarro el vestido, lo reformo, lo dejo para la tienda y después que veo qué es lo que pasó en la prueba, que veo cuál es el problema de ese vestido, le diseño otro para el mismo precio que el que le hice, aunque haya puesto más tela, esa responsabilidad también me ha hecho... ganarme el aprecio de mucha gente ¿ves?, porque nunca la gente se siente robada ni...

 

Como vemos, utiliza procesos mentales (interpretar, sentir) cuando se refiere a que la evaluación del error cometido lo hace su responsabilidad, para luego tomar, en consecuencia, una actitud en torno a dicha situación, la cual muestra a través de “asumir” (proceso conductual) dicha responsabilidad y llevar a cabo los correctivos necesarios, expresados a través de procesos materiales (diseñar, ver, hacer). Por lo tanto, vemos que responsabilidad es también una idea asociada a “trabajo” por esta hablante.


4.2 Hablante 2

  • Campo: entrevista para recopilar información para un proyecto de investigación.
  • Tenor: los participantes en esta conversación son conocidos, aunque no cercanos, la entrevista se lleva a cabo en un salón de postgrado, común para ambas participantes.
  • Modo: la conversación es un texto descriptivo en el que la entrevistadora lleva a la informante a través de tópicos relativos a costumbres y tradiciones merideñas, así como temas personales y familiares.

Esta informante es Licenciada en Idiomas Modernos, graduada en la Universidad de Los Andes, trabajó dos años como profesora de inglés en la misma Universidad, aunque su experiencia docente es mayor (10 años), y para el momento de la entrevista es trabajador administrativo en la universidad. Una de las ideas que asocia a “trabajo” es la de remuneración, igual que la informante anterior. Leamos:

como mucho de los estudiantes de pregrado yo también trabajaba mucho ah ... yo  ... venía a clases / ahm ... también trabajaba en la casa / trabajaba en la casa para producir / es decir nosotros hacíamos comidas para vender

 

Al tomar este fragmento como una unidad de información (cf. Halliday y Matthiessen, 2004), vemos que la hablante asume como dado “como muchos de los estudiantes de pregrado”, recuperable para su interlocutora del contexto que ambas comparten en tanto que universitarias en Mérida, y como información nueva presenta “trabajaba en la casa para producir”. Este último trozo de información se organiza en torno a un proceso material (trabajar) con un actor (yo=la informante) y una meta (producir dinero a través de la venta de comida); con lo que vemos que “trabajo” es asociado a remuneración.


Por otra parte, en la entrevista afirma que al graduarse nunca consideró ser profesora, sin embargo, una vez sus circunstancias la llevaron a ejercer esa labor, el resultado fue positivo. Leamos otro extracto:


después de la primera vez que yo di clases / que yo recuerdo que ese día salí bañada en sudor de lo del miedo escénico y todo... / más que todo fue miedo escénico porque yo preparé muy bien la clase / y además que tenía una audiencia de treinta personas / para una clase de lenguas es muy ...eh es es muy numerosa ¿no? y... / bueno después de esa clase y ... y después de ver los resultados ¿verdad? yo dije "no / sí me gusta" [risas del informante]

 

Entendemos en este extracto una concatenación de unidades de información en las que la hablante ofrece a su interlocutora trozos de información nueva, con los que localiza la anécdota de su primera experiencia como docente. Información en base a la cual puede entenderse la conclusión a la que llega la informante, al expresar su gusto por la labor realizada. Tal como se ve en


bueno después de esa clase y … y después de ver los resultados ¿verdad? [información dada]  yo dije “no / sí me gusta” [información nueva]

 

Más adelante, al seguir hablando de su experiencia laboral, cuenta cómo es que la misma le ha servido de aprendizaje y que le lleva incluso a reformular cosas ya abordadas, ya aprendidas durante su formación profesional. Leamos el siguiente extracto: 


y bueno para mí era un et... uhm un eterno estudio / y conmigo ... y la gramática la gramática y yo éramos inseparables [risas del informante] y me encantaba / ahí fue cuando yo me fui enamorando cada vez más de la gramática inglesa / y  ... y no me había dado tanto cuenta de ... de lo bonita que es la gramática nuestra / de lo bonita que es la fonética nuestra de ... / creo que le di un poco más de valor a mi lengua nativa / el valor que nunca le había dado mientras fui estudiante de de len... de idiomas //

 

Aquí “trabajo” es también aprendizaje. A través de la estructura temática de las cláusulas (por ejemplo, “para mí era un eterno estudio”; “la gramática y yo éramos inseparables”; “me encantaba”) organiza lo dicho mostrando su paso de una labor constante y placentera a través de la que se replantea conocimiento ya adquirido durante su formación universitaria y aprende cosas nuevas, como lo construye en las últimas cláusulas del extracto (“creo que le di un poco más de valor a mi lengua nativa / el valor que nunca le había dado mientras fui estudiante de idiomas”). 


Finalmente, asocia una cuarta noción a “trabajo”, que vemos en el siguiente extracto, cuando critica la forma en que algunos empleados en oficinas de atención al público llevan a cabo sus funciones:


yo digo "¿por qué los mandan a venir cinco días después si lo pueden hacer ya?" no / porque están viendo un catálogo de  AVON / un catálogo de  EBEL / o  ... están discutiendo a... a ver si les van a hacer un pago un bono / que no merecen por supuesto /

 

Aquí la pregunta retórica que funciona como rema al inicio del extracto, introduce la crítica a través de las opciones de respuesta, donde el tema “ellos” se desenvuelve en banalidades como utilizar el horario de trabajo y entorpecer las labores por atender compras de productos por catálogo, o discutir una inmerecida remuneración por un trabajo mal hecho, se infiere. Se entiende así la oposición buen trabajador/mal trabajador donde el segundo es el criticado por falta de responsabilidad, un aspecto propio del “trabajo” para esta informante. 

 

4.3. Hablante 3

  • Campo: Conversación entre amigos.
  • Tenor: los participantes en esta conversación son conocidos, la entrevista se lleva a cabo en casa del informante y, dada la relación de amistad, se asume horizontalidad en la relación entre hablantes.
  • Modo: la conversación es un texto argumentativo en el que el informante expone sus razones por las que quiere ser profesor de la Universidad de Los Andes.

Este hablante es Licenciado en Bioanálisis, recientemente graduado en la Universidad de Los Andes al momento de la entrevista, la cual gira mayormente en torno a los planes futuros del hablante respecto a estudios de postgrado y oportunidades laborables. Su experiencia laboral es dominada por su trabajo en un hospital público en la vecina ciudad de San Cristóbal (como pasante); de allí forma su visión de su ejercicio profesional. Hace una descripción de sus pasantías enfocándose en el volumen de trabajo que tiene un bioanalista y las largas guardias que le correspondía hacer durante las pasantías. A propósito de esto y en respuesta a la pregunta de su entrevistador respecto a sus planes de trabajo, responde:


De planes futuros, mire yo... o sea, yo... no quería trabajar porque a mí me fastidió pues mucho trabajar en el hospital ¿no? o sea ¿qué sé yo? llegar este... todo ese volumen de trabajo que se mueve ahí, estar... sa... claro todo lo que hacemos... lo que hace el bioanalista ¿entiendes? es bonito, pero... es como si uno se quemara en el hospital ¿no? porque uno todo el tiempo va a estar haciendo lo mismo, claro que ahí llega... en el hospital es donde llegan los casos y es donde verdaderamente se aprende, pero... eso no es lo que quiero yo. No porque... uno sale demasiado agotado y... también se puede tocar la parte económica, uno no es bien pagado en un hospital, entonces por lo menos aquí... yo pienso concursar en la universidad ¿no?

 

Al mirar las unidades de información en este fragmento notamos que hay varias ideas relacionadas a “trabajo”. Por una parte, tenemos aprendizaje, lo que derivamos de la descripción del tipo y volumen de trabajo al que el bioanalista se enfrenta en un hospital.  Por la otra, tenemos las ideas de remuneración y esfuerzo que, para este informante no son proporcionales cuando se es empleado en un hospital. En tal sentido, la relación esfuerzo/remuneración debe ser inversamente proporcional a lo que ha visto en su experiencia laboral. Esto se deriva de su negativa inicial (en el fragmento) a la posibilidad de trabajar luego de su experiencia laboral en el hospital de San Cristóbal, la cual asocia a agotamiento y fastidio producto del alto volumen de trabajo y la insuficiente remuneración del mismo. Sin embargo, sí hay una ocupación remunerada que le interesa: ser profesor universitario; una profesión que sí le presenta una buena remuneración, leamos:


... y tiene bastantes privilegios, porque tú ves que la ULA, la ULA... te paga e... seguro, bueno... […] yo creo que sa... conocer todos los privilegios que dan ahí en la ULA...

 

Remuneración que también se ve en los beneficios obtenidos ya no de la labor misma sino de la institución en la que se labora, en este caso, la Universidad de Los Andes. Esfuerzo, aprendizaje y remuneración son entonces tres ideas que asocia este informante a “trabajo”, aún cuando desestime las dos primeras en sus planes de ejercicio profesional.


4.4. Hablante 4

  • Campo: entrevista para recopilar información respecto a las costumbres y tradiciones de Mérida.
  • Tenor: hay tres participantes en esta entrevista: el informante un educador de 24 años de edad, y las entrevistadoras, ambas estudiantes universitarias (una de pregrado y otra de postgrado), ambas de 23 años de edad; la relación entre las dos últimas y el primero es de desconocidos. La entrevista se lleva a cabo en un salón de postgrado, común sólo a las entrevistadoras.
  • Modo: la conversación es una entrevista semi-dirigida en la que las entrevistadoras interrogan al informante acerca de varios aspectos de su vida sin llegar a desarrollar uno en particular.

Este hablante es Licenciado en Educación por la Universidad de Los Andes y está en su primer año de ejercicio laboral al momento de la entrevista. En la conversación se habla tanto de las tradiciones merideñas y cómo su familia las mantiene (comidas típicas, costumbres), su afición por el fútbol y el equipo local de primera división y también del reciente cambio en su vida que lo llevó de estudiante universitario a docente de aula en un liceo en la ciudad. 


yo no había trabajado / yo siempre fue / de / la casa aquí / y aquí que conseguí mi primera beca trabajo que fue donde / empecé / a... ejercer alguna labor / extra académica pues // me... / pero me siento bien / ahorita me siento bien / es un cambio que me ha favorecido / me ha hecho crecer como persona //

 

Es casi literalmente su primera experiencia laboral, la que asume, a diferencia del hablante 3, como positiva. Utiliza el proceso mental “sentir” respecto al fenómeno trabajar (lo sentido) con una circunstancia positiva, cuando dice “pero me siento bien”. Este sentirse bien puede equipararse a la idea de gusto asociada a la noción “trabajo” por las informantes 1 y 2. Esta actitud positiva la refuerza al relacionar ese cambio en su vida con una mejora, expresada en “favorecer” (proceso material) que tiene su receptor en el informante.


Como se ha dicho, tiene poco menos de un año de experiencia laboral y sus interlocutoras son estudiantes universitarias (pre y postgrado), este poco tiempo las lleva a preguntarle si extraña en alguna medida su vida universitaria, a lo que responde:


al principio sí / sí me ha hecho / sí me hizo / mucha falta / pero / ya cuando entré a trabajar / ya uno tiene que ocuparse / tiene otras / obligaciones / y tiene otras aspiraciones / entonces ya... / ya abarca gran / ya abarca gran espacio de... / de nuestra planificación / entonces uno está entretenido / entonces / en gran medida no / no la extraño mucho

 

Hay en este fragmento un compromiso deóntico del informante que establece respecto a las labores propias a su trabajo. En este caso utiliza significados interpersonales a través de “tener que” y el sentido de obligación impreso en esta estructura, reforzado en la cláusula que le sigue (“[uno] tiene otras / obligaciones), lo que implica la idea de responsabilidad, asociada a “trabajo” en este hablante también.


Luego de leídas las cuatro entrevistas, vemos que las diferentes ideas con las que los hablantes construyen la noción “trabajo” (remuneración, gusto, aprendizaje, responsabilidad, esfuerzo) no fueron enunciadas por todos los hablantes, sin embargo, su presencia en esta pequeña muestra es lo suficientemente consistente como para haberlas considerado en el análisis. Llama la atención lo siguiente:


  • los hablantes con mayor experiencia en el campo laboral (hablantes 1, 2) incluyeron en su conversación remuneración, gusto, aprendizaje, responsabilidad, pero no esfuerzo al referirse a “trabajo”;
  • el hablante 3 no asocia ni gusto ni responsabilidad al hablar de “trabajo”, pero es el único en incluir esfuerzo, aunque sea como algo a evitar.
  • El hablante 4 es el único que no utiliza remuneración en su noción “trabajo”, tampoco esfuerzo, sino que asocia gusto y responsabilidad.


5. Conclusión y discusión

Al tomar la entrada “trabajo” en el DRAE, vemos que la idea de remuneración (en la segunda acepción: “ocupación retribuida”) es la única de las consideradas aquí que se utiliza en alguna de las acepciones del término. Por supuesto, sabemos que las nociones de nuestra cotidianidad se construyen con mucho más que la suma de palabras, aunque comúnmente partiendo de o con ellas. En este sentido, la suma de ideas en torno a “trabajo” identificadas en las entrevistas nos ofrecen una construcción general respecto a esta noción en la que hablamos de una ocupación remunerada que implica, generalmente, un grado de responsabilidad, que además genera aprendizaje y que llevarla a cabo, más allá del esfuerzo que implica y la remuneración recibida, genera gusto por lo hecho.


Esta definición se aleja de modelos occidentales si consideramos, por una parte, la tradición judeo-cristiana que, desde la occidentalización que comenzó con la conquista y colonización española, enmarca nuestra cultura y sociedad a través de la religión, en la que el trabajo es una forma de castigo impuesto por Dios (cf. Gen. 17-23). Por otra parte, tenemos lo dicho por Corominas y Pascual (1983), según quienes “trabajo” viene de “trabajar”, voz que a su vez viene del latín vulgar 


“*TRǏPALIARE ‘torturar’, derivado de TRǏPALǏUM ‘especie de cepo o instrumento de tortura’, compuesto de TRES y PALUS por los tres maderos que formaban dicho instrumento; en castellano antiguo y aún hoy en día trabajo todavía conserva el sentido de ‘sufrimiento, dolor, pena’: de la idea de ‘sufrir’ se pasó a ‘esforzarse’ y ‘laborar’” (p. 571).

 

La idea de esfuerzo que conseguimos en Corominas y Pascual, la vemos en el Hablante 3, quien desiste de la posibilidad de ejercer su profesión en un hospital, dado el esfuerzo que deriva del volumen de trabajo propio a ese tipo de establecimiento y decide, por otra parte, procurarse un trabajo en el que, desde su perspectiva, no haya tanto esfuerzo, además de una mejor remuneración. Por otra parte, cabe preguntarse cómo es que estas ideas de esfuerzo, de sufrimiento, de castigo, que vemos tanto en la tradición judeo-cristiana como en la etimología de la palabra, no se ven en los otros hablantes abordados. ¿A qué discurso apuntan estos hablantes a través de sus textos? ¿Qué meta-sistema de significados social, histórica y culturalmente anclados podemos leer en esta configuración de “trabajo” por estos merideños?


Clarac (2003) afirma que “los historiadores han presentado a menudo a Venezuela como un país totalmente hispanizante, lo que según ellos se debe al hecho de que los españoles no encontraron aquí sino culturas ‘primitivas’, las cuales habrían desaparecido fácilmente al contacto con la ‘civilización’” (p. 17), una posición con la que no concuerda y de hecho se plantea mostrar las raíces prehispánicas de la cultura andina del último tercio del siglo XX. Su estudio, exhaustivo y que aborda un considerable cúmulo de datos (etnográficos y antropológicos), abre una ventana hacia una lectura de los datos cualitativos aquí abordados y lo visto en ellos. Si en estos datos “trabajo” no se asocia únicamente a esfuerzo y remuneración (la primera podemos adjudicarlo a la tradición judeo-cristiana y la segunda a sistemas socio-económicos a lo largo de la historia y de las culturas), es posible asociarlo a culturas distintas; una idea nada novedosa, por cuanto fuimos colonia, somos mestizaje, somos occidente, pero en una versión tropicalizada o, en este caso, andinizada, si se quiere.


Montoya Salas (2008) plantea que el proceso de colonización en la región andina tuvo características distintas a aquel que se vivió en otras regiones del país. Tal planteamiento se fundamenta en la diferencia de los pobladores de la región, los que constituían


“un pueblo organizado, sedentario en rincones de montaña y al lado de fuentes de agua, con una cultura en toda la extensión de la palabra: lenguaje, religión, cultivo de la tierra con técnicas desarrolladas, manejo de canales de agua, elaboración de utensilios para el uso doméstico, confección de idolillos y vasijas para el cultivo, conocimiento del tejido, hilado y tintura de telas rústicas, existencia de relaciones comerciales montaña-lago, piedemonte andino (cultura timoto-cuica)” (p. 19).


Un pueblo con estas características que lo arraigan a su tierra, a un modo de vida, no puede tomarse como receptor pasivo de los colonizadores españoles, su cultura, su religión, sus discursos. Es más adecuado mirar, con la historia de nuestro lado, la cultura, sus habitantes y sus discursos como la mezcla de elementos que somos. Suárez (2000) habla de prácticas agrícolas (actuales) de campesinos de los páramos merideños en las que pueden identificarse tanto elementos de origen indígena (pre-colombinos) como la asimilación de prácticas europeas, en lo que respecta a lo que se siembra, cómo se siembra, cómo se almacena. Esta relación del andino con la tierra que lo sustenta desde tiempos previos a la conquista, posteriores a la conquista y conservados en la actualidad configuran una relación distinta a lo que trabajar implica. El trabajo es entonces 


“el ejemplo de lo cotidiano, el tratamiento ritualizado de los ciclos productivos, el respeto a la madre naturaleza; y cómo se reproducen en una valoración heredada de nociones y convicciones” (Suárez, 2000: 120).

 

Esta descripción plantea valoraciones positivas en torno a “trabajo” que se oponen a lo que la tradición española trajo consigo. Se entiende que son valoraciones positivas propias de ámbitos rurales, de prácticas que no se consiguen en la cotidianidad de la ciudad, mucho menos en el período de tiempo en el que se recolectaron los corpus de los que hemos tomado las cuatro entrevistas aquí abordadas (1990; 2010). 


Sin embargo, Mérida no siempre fue la ciudad que es hoy. De hecho, su morfología urbana ha sufrido cambios significativos en los últimos ochenta años, los que han implicado igualmente cambios en la sociedad y sus cosmovisiones. Amaya (2001) plantea cuatro períodos de expansión y crecimiento que explican cambios sociales y económicos, los que a su vez responden a realidades nacionales, regionales y globales. Estos períodos muestran cómo la ciudad va de su modelo colonial, el rompimiento del mismo y expansión de la ciudad, la inclusión de poblados vecinos como consecuencia de esa expansión hasta llegar a la situación actual, que Amaya llama “desarrollo de la urbe extendida” (2001: 14).


Tales cambios traen consigo el crecimiento de la población que muchas veces sucedió debido a migraciones internas, desplazamientos de pobladores de zonas rurales del estado, por una parte, debido a poca productividad que representaba la actividad agrícola (Clarac, 2003). Por otra parte, se hacía atractiva la imagen de progreso y bienestar que las ciudades venezolanas comenzaron a tener, por ejemplo, a partir de mediados de los años cincuenta, producto de inversiones del gobierno nacional en infraestructura educacional y para la salud (entre otras), dada la bonanza económica que la explotación petrolera proveía (Amaya, 2001).


Estas gentes venidas de espacios rurales, con su cultura y costumbres producto de siglos de relación con la tierra que los sustentó, de costumbres y prácticas aprendidas del conquistador, llegan a llenar espacios que la ciudad ofrece. Espacios que van más allá de su localización marginal en el plano de la ciudad desde mediados del siglo XX, espacios laborales en el naciente sistema económico de servicios, en instituciones dependientes directamente del Estado como hospitales, escuelas, gobernación, o indirectamente como la Universidad de Los Andes. Estos migrantes de mediados del siglo pasado son, generacionalmente los padres, abuelos y bisabuelos de las generaciones de finales del XX y principios del XXI.


Hace falta más que lo derivado de las entrevistas de estos cuatro hablantes para hacer afirmaciones en torno a la noción aquí abordada y la posibilidad de que ésta (entre muchas otras) sirva como puerta de entrada a una descripción no tan ortodoxa de la cultura merideña. Sin embargo se hace tanto interesante como estimulante ver en qué ideas coinciden los informantes respecto a una noción en particular; esto nos da trazos generales de la construcción de “trabajo” por parte de este grupo de habitantes de una misma ciudad con algunas características similares (edad, educación formal) pero separados por la variable tiempo (veinte años de diferencia en la realización de las entrevistas). Tal descripción nos ha llevado a hacer una lectura entre líneas de la que se deriva la construcción de dicha noción y cómo esta construcción puede darnos cuenta de una configuración de mundo más amplia, la cual muestra, a su vez, una realidad discursiva y cultural más compleja.


Las entrevistas, en tanto que textos, sirvieron de puerta de entrada para esbozar un discurso en el que “trabajo” no sólo se conecta con sistemas de significados “españoles”, traídos en instaurados con la conquista, sino que parece acercarse más a una valoración positiva, derivable de sistemas de significados autóctonos a la región. Quedará entonces la necesidad de abordar muestras más amplias, con la ayuda de expertos en disciplinas pertinentes al fenómeno a estudiar (por ejemplo, historia, antropología) para así lograr descripciones adecuadas de la cultura merideña desde sus cosmovisiones codificadas en sus discursos y accesibles desde los textos que sus pobladores produzcan o hayan producido.


Referencias

  • Álvarez, A. (2007): Textos Sociolingüísticos, Mérida: Vicerrectorado Académico. Universidad de Los Andes.
  • Amaya, C. (2001): “Etapas de crecimiento de Mérida-Venezuela: de la ciudad compacta a la urbe extendida”, en Revista de Geografía de Venezuela, 42: 11-43.
  • Clarac, J. (2003): Dioses en exilio (2da ed.), Mérida: Vicerrectorado Académico. Universidad de Los Andes.
  • Corominas, J., & Pascual, J. (1983): Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Madrid: Gredos.
  • Espar, T. (2006): Semántica al día, Mérida: Consejo de Publicaciones ULA.
  • Fairclough, N. (2001): “Critical discourse analysis as a method in social scientific research”, en R. Wodak, & M. Meyer, Methods of Critical Discourse Analysis, Londres: SAGE Publications, pp. 121-138.
  • Halliday, M., & Hasan, R. (1989): Language, context and text: aspects of language in a social-semiotic perspective, Oxford: Oxford University Press.
  • Halliday, M., & Matthiessen, C. (2004): An Introduction to Functional Grammar, Londres: Hodder Arnold.
  • Montoya Salas, M. (2008): Evolución político-territorial de Mérida (1558-1914), Mérida: Consejo de Publicaciones ULA.
  • Suárez, N. (2000): “La noción de territorio en mentalidades campesinas. Entre el arraigo al trabajo y la exclusión”, en L. Vaccari, M. Ruiz, N. Suárez, & L. Peñalver, Familia, trabajo e identidad, Mérida: CDCHT-ULA, pp 99-136.
  • Widdowson, H. (2004): Text, Context, Pretext. Critical Issues in Discourse Analysis, Oxford: Blackwell Publishing.

Notas

[1]“the pragmatic process of meaning negotiation” (Widdowson, 2004: 8)

[2] “[these three kinds of meaning] run throughout the whole of language, and in a fundamental respect they determine the way that language has evolved” (Halliday y Matthessien, 2004: 60)

[3] Ambos corpus fueron recolectados y preparados por el Grupo de Lingüística Hispánica de la Universidad de Los Andes, en Mérida, Venezuela.

[4] MDB1FB y MDA3MA son los códigos de estos hablantes en su corpus de origen.

[5] MEVE_M13_016 y MEVE_H13_013 son los códigos de estos hablantes en su corpus de origen.



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